Peregrilatos

Diario del Camino de Santiago

(El Camino del Norte, desde Irún a Santiago)

           

Describir el Camino de Santiago, el del Norte, es una tarea muchísimo más difícil que caminar sus duros, magníficos y esplendentes 815 kilómetros. Son tantas las emociones y sensaciones que ofrece, tanto lo vivido, tantos bellos paisajes y tantísimos los momentos en los que nos abrazamos a ese maravilloso pájaro en vuelo llamado libertad, que, por más que me esfuerce, no alcanzan las tonalidades de mi paleta de escritor para pintar esta experiencia con palabras.

Y por si todo ello fuera poco, están esos sutiles guiños de la casualidad que nos cruzaron con personas que nos esperaban en algún cruce para conversar unos minutos con nosotros y acercarnos su relato, dejándonos luego con la pregunta entre labios de por qué nuestras coordenadas nos habían llevado ese día, en ese momento, a ese preciso lugar.

No obstante todo eso, y a modo de cuaderno de bitácora vital, bajo el nombre de “Peregrilatos” intentaré contar cada una de las cuarenta y cinco etapas qu...

Y finalmente llegó el momento tan esperado: ¡el inicio del camino en Irún!

Llegamos a esa ciudad en tren, desde Barcelona, el sábado 9 de junio al mediodía, esto nos permitió disfrutar durante la tarde de la gran hospitalidad de su gente para con los peregrinos. Irún tiene ese singular encanto de los pueblos fronterizos, el que te hace sentir que estás en tránsito, pisando en dos orillas, situación esta que se refleja en las aguas del río Bidasoa, que separa España de Francia.

Una vez alojados y a pesar de la llovizna salimos a recorrerlo. Tal como manda la tradición cruzamos el río hacia Hendaya por el puente, ese universal e inefable símbolo de unión. Y desde allí regresamos a Irún dando inicio simbólico a nuestro camino. Como hijo del exilio republicano que soy no pude evitar detenerme frente al escrito de la guerra civil.

Hicimos el recorrido que nos indicaron y, siempre con llovizna, llegamos a la Iglesia de Nuestra Señora del Juncal, nombre que de inmediato repiqueteó en mi memoria...

Amaneció con el sol amenazado por un ejército de nubes que anunciaban segura tormenta. Afirmados en lo exitosa que había sido la primera etapa iniciamos con gran entusiasmo la marcha de salida de San Sebastian, bordeando ese despliegue de belleza que es la playa de la Concha. Por un hermoso paseo llegamos hasta el desafío del día: subir el Monte Igueldo. Aquí se nos presentó la primera gran tentación del camino: subir el monte por el funicular. Más allá de que debe ser un hermoso recorrido (lo dejamos para un regreso a Donostia que nos prometimos) y, como luego haríamos frente a cada tentadora oferta de suavizar la dureza de alguna subida, acometimos la subida, no nos arrepentimos, es una hermosa experiencia. En Igueldo, frente a su casa, un peregrino tiene dispuesta una mesa con botellas de agua y un sello, que aprovechamos para sellar nuestras credenciales. La subida al Igueldo es muy fuerte y en zigzag, pero no muy larga. Cuando llegamos al final apareció una compañera que durante m...

Con los ecos del amistoso encuentro con Luisma y Aran resonando en nuestra memoria sensible acometimos la tercera etapa. La lluvia amaneció junto a nosotros y nos acompañó buena parte del recorrido, que no por corto careció de belleza. Empezamos a caminar bajo el agua, y el viento que soplaba empujándonos hacia atrás nos hacía fantasear con que Zarautz nos abrazaba, como queriendo retenernos. Con el recuerdo de las imágenes de la película Ocho apellidos vascos y con el deseo de visitar Getaria elegimos el paseo marítimo que une ambos pueblos. No nos equivocamos y disfrutamos mucho de ese trayecto. La lluvia volvía a estimularnos y, envueltos en nuestras capas, nos convertíamos en imaginarios personajes que la desafiaban cantando.

Una vez en Getaria, el pueblo de Juan Sebastián Elcano, recorrimos sus calles, sellamos nuestras credenciales en la Oficina de Turismo, donde con natural y hospitalario modo nos regalaron un momento de amena conversación. Luego nos pusimos un rato a cubierto de...

Este no era el inicio de una etapa cualquiera, no, de ninguna manera, significaba llegar a Deba, ese pueblo del País Vasco en el que se hunden raíces muy profundas: las de mi familia materna, que sin duda conforman una parte importante de mi identidad.

Sería la tercera vez que llegaría a ese entrañable pueblo, las anteriores habían sido para presentar dos de mis libros. Pero este era un modo de llegar distinto: como peregrino y en compañía de mi esposa, entusiasmado por mostrarle las bellezas del lugar y hacerle conocer la hospitalidad de sus gentes.

Cargados de expectativas, amanecimos muy temprano y, luego de desayunar en el cuarto lo que la tarde anterior compráramos, cargamos las mochilas en nuestra espalda y acometimos la marcha. 

En concordancia con los días anteriores la lluvia nos acompañó buena parte del camino. Cubiertos con las capas fuimos subiendo, al principio por un camino de cemento y luego de tierra, más bien de barro. Luego de un rato llegamos a un lugar llamado Elorriag...

Antes de las primeras luces, y con la ansiedad de encarar el desafío ya estábamos en pie. Desayunamos rápidamente, cargamos las mochilas y salimos. El silencio de Deba a esa hora solo era alterado por el eco de nuestros pasos, y en nuestro interior resonaban cálidamente las voces del encuentro del día anterior.

Cruzamos el puente sobre el río, le dimos un último chau a Deba y nos adentramos decididamente en los primeros paisajes de la Gipuzkoa rural. Tal como habíamos leído, la etapa se presentaba como solitaria y pletórica de bellos paisajes y sonidos. Felizmente la lluvia nos estaba dando una tregua y un tibio sol nos sonreía.

La etapa nos predisponía al diálogo y entre conversaciones en las que predominaba el asombro por la belleza y la felicidad por haber tomado la decisión de hacer el camino, que reflejábamos en los videos que íbamos grabando, fuimos transitando un bellísimo sendero boscoso que iba ganando altura haciéndonos sentir el esfuerzo, esto no nos amilanaba, nos sentíamos p...

Conveníamos con Sara, mientras conversábamos durante el desayuno en Etxeberría, que cada una de las etapas que llevábamos recorridas había estado poblada de personajes, paisajes y situaciones dominantes. Esta no iba a ser la excepción.

Iniciamos la marcha y luego de haber andado poco más de un kilómetro cruzamos un puente sobre un río y nos metimos en una bellísima senda boscosa, nos sentíamos muy felices, era como estar metidos en las páginas de un cuento y por momentos filmábamos divertidos videos. Así llegamos a un pequeñísimo poblado llamado Iruzubieta. Enseguida el itinerario nos regaló otro bosque, lo atravesamos con el río a nuestro lado, acompañando nuestra marcha, Finalmente lo cruzamos y avanzamos por una pista que nos llevó hasta Bolibar. Este pueblo se convirtió en uno de los personajes de los que hablábamos, es un pueblo encantador, cargado de magia, con casas de piedra cuyos frentes están adornados con flores coloridas, volvimos a tener la sensación de estar en un libro de...

La noche anterior llovió mucho, así que, al iniciar esta etapa nos preparamos para el desafío del barro que imaginamos encontraríamos. Todavía nos mantendríamos lejos de la costa.

Con el entusiasmo intacto emprendimos la marcha, de movida sospechamos que la etapa sería muy solitaria, cosa que confirmamos ya que durante su tránsito solo encontraríamos a una peregrina. La encontramos luego de cruzar un portillo y meternos en un sendero interior, se trataba de una joven irlandesa que estaba detenida frente a unas vacas que le impedían el paso. Con natural caballerosidad me dispuse a ayudarla, claro que mi experiencia como arriero resultaba muy pobre. Si bien le insistía yo a las vacas para que abrieran el paso, ellas me miraban impertérritas. No queriendo cejar en mi caballeresco intento, me acerqué más y las azucé, ellas respondieron asustadas y salieron bruscamente para adelante, causándole un gran sobresalto a la joven irlandesa. En ese movimiento nos dimos cuenta que no se movían porqu...

Esta fue una etapa tranquila, de poco más de diez kilómetros, un resuello en el esfuerzo de los días anteriores. En Argentina era el día del padre y en el transcurso de la misma recibimos el cariño de nuestros hijos a través de sendos mensajes. El clima se asoció al festejo y nos regaló una jornada soleada y amigable.

Recorrimos los tres kilómetros que van de Lezama a Zamudio, nos detuvimos un momento frente al calvario que está frente a la iglesia y luego nos dirigimos hacia el repecho del día: el monte Avril, donde llegaríamos a los 360 metros de altitud. Tal vez por lo exigente de las etapas anteriores o porque íbamos ganando en entrenamiento pero el ascenso nos resultó fácil. La bajada fue muy placentera, con unas muy lindas vistas de Bilbao que nos estimulaban a llegar. Nos detuvimos a tomar unas fotos del mítico San Mamés e inevitablemente, como buenos Bielsistas, la mirada del estadio nos conectó con "el loco". Finalizado el largo recorrido por escaleras desembocamos en la catedr...

  

Decididos a cruzar la ciudad de Bilbao iniciamos la marcha mientras el sol, jugueteando con las nubes, acompañaba nuestra salida. Bilbao tiene siete calles primitivas, que son el núcleo de la ciudad original y que hoy ofrecen un atractivo recorrido por su casco viejo y permiten remontarse imaginariamente a la época medieval, estas arterias constituyen un gran patrimonio ya que son pocas las ciudades europeas que conservan enteras sus primeras calles. Por La Tendería, una de ellas, salimos hasta la de la Ribera donde nos encontramos con el enorme mercado cubierto que lleva el mismo nombre. Por el puente San Antón cruzamos la ría del Nervión, en la antigüedad desde ese puente tiraban a los delincuentes a quienes previamente le habían atado una piedra al cuello, a esto llamaban embozamiento. Los nombres de las calles  antiguas de Bilbao tienen para mí un atractivo muy particular, como la que tomamos al salir del puente que se llama Bilbao la Vieja. Por ella llegamos hasta la calle...

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