Peregrilatos

Diario del Camino de Santiago

(El Camino del Norte, desde Irún a Santiago)

Con esta etapa completaríamos la cuarta parte de nuestro cometido y, al hacerlo, la sensación de que cumpliríamos el objetivo de arribar a Santiago de Compostela se agigantaba.

Con el entusiasmo de llegar a Castro Urdiales para recorrerlo salimos temprano, se trataba de una etapa de apenas nueve kilómetros que discurriría en mayor medida por la ruta N634. El día, soleado y esplendente, estimulaba la marcha. Con algún esfuerzo por lo empinada de la misma la fuimos recorriendo, aunque andábamos sobre asfalto los paisajes seguían siendo impactantes, la vista del pueblito de Mioño resultó muy linda y el túnel que se cruza a la salida para encarar hacia el final es muy interesante, al recorrerlo nos divertimos simulando aventuras. Finalmente iniciamos la bajada hasta Castro Urdiales disfrutando de unas preciosas vistas de la costa y luego de un largo recorrido por la ciudad llegamos al casco viejo donde estaba la pensión en que nos alojaríamos. Seguía llamándonos la atención la poca cantidad...

         

      

Una de las cosas mas extraordinarias que tiene vivir esta experiencia de peregrinos es la fantástica capacidad de sorprenderte que tiene el camino, la que cada noche al acostarte te produce esa tan particular sensación que provocan las vísperas de un acontecimiento emocionante. La etapa de hoy estuvo poblada de bellísimos paisajes costeros, acantilados, playas, extendidos valles interiores, bosques cubiertos de pinos y encinas y hermosos senderos, características todas que llenaron de belleza nuestra capacidad de mirar y asombrarnos. Tuvo también para nosotros un alto nivel de exigencia que nos hizo apretar mucho los dientes en más de una cuesta, y su recorrido fue muy largo ya que los veintisiete kilómetros anunciados terminaron resultando poco más de treinta y dos, convirtiendo la entrada a Laredo en la confirmación de haber superado un desafío bravo, que le dio sustento a nuestra determinación de llegar a Santiago.

Pero...

 

La elaboración del plan del Camino la comenzamos un año antes de iniciarlo, junto con el entrenamiento, con la idea de hacerlo no solo en el marco de nuestras posibilidades sino también para disfrutar de cada etapa al máximo y con la consigna de hacer no mucho más de veinte kilómetros al día , el propósito ulterior a esto era llegar a Santiago. Luego, ya en el camino fuimos descubriendo que nuestro plan en verdad era una aproximación y que eso no tuvo costos importantes ya que, para nuestra alegría, pudimos superar varias etapas de más de treinta kilómetros sin demasiada mella en nuestro físico. Recuerdo que cuando vi el gráfico de esta etapa decidí rápidamente cortarla en dos, luego en la práctica la energía que nos había demandado la anterior le dio valor a esta decisión, pero igual, la brusca variación de la curva de ascenso al llegar a El Brusco nos causaba respeto. 

Iniciamos la marcha temprano, con grandes nubarrones amenazando lluvia, que felizmente no solo no se...

Cada etapa sigue proveyendo alguna sorpresa, esta la causó la comprobación de que su recorrido no era tan difícil como parecía en el mapa. Anduvimos por camino de tierra y bastante asfalto, en un marco bucólico y rural que favoreció la conversación y el repaso de los momentos más intensos y emocionantes que habíamos vivido hasta ese momento. Fue un tránsito muy placentero y distendido, una ermita a la salida de Noja, unos cuantos vericuetos que dimos al pasar por Castillo, Arnuero y Meruelo, un puente muy bonito sobre un río y el paisaje rural fueron los puntos más salientes. 

Llegamos a Güemes poco después del mediodía, es un pueblo muy pequeño y acogedor con apenas un puñado de casas y una bonita iglesia, que a esa hora del sábado estaba muy concurrida. Nos clavamos el clásico pincho en el restaurante frente a la iglesia, allí había unos pocos peregrinos en el mismo cometido. Advertidos por el dueño de que por la noche era muy concurrido reservamos una mesa para la cena.

Ahora bie...

  

Esta etapa, cuyo recorrido estaba anunciado como muy corto, comenzó de la mejor manera posible: con un exquisito desayuno en el comedor de la posada disfrutando de las delicias preparadas por María. Luego, a sabiendas que ese lugar quedaría incluido en el anaquel de los mejores recuerdos, nos despedimos afectuosamente e iniciamos la marcha.

La salida conservó la fisonomía de la etapa anterior ya que por ruta avanzamos algo más de cuatro kilómetros hasta llegar a Galizano, el pueblo siguiente. Ahí se nos presentó la disyuntiva de seguir por el camino oficial o de la alargar la etapa en cuatro kilómetros tomando la variante costera. Elegimos esta última opción y no nos arrepentimos de la decisión ya que luego de pasar por ese pueblo bordeamos, a puro acantilado, la imponente y salvaje belleza del Cantábrico. Entre mutuas exclamaciones por la belleza de lo que veíamos llegamos hasta la playa de Langre y a su mirador, luego continuamos hasta Loredo para desde allí volver a la ruta y...

Cada etapa pugna con las anteriores por tener su propia característica, esta consiguió destacarse sobre las demás por ser la más calurosa de todas. Salimos de Santander más tarde de lo habitual ya que al haber dividido a esta en dos andaríamos hoy solamente diecisiete kilómetros. Ni bien comenzamos a andar el sol empezó a apretar, la temperatura a subir y al rato, algunas molestias en mi pie derecho azuzaron al fantasma de las ampollas. Atravesamos Santander en un bonito recorrido que iniciamos en la Avenida Calvo Sotelo y que nos llevó a la rotonda de la Plaza de los Cuatro Caminos, donde hay una muy linda escultura que representa a la banda del zodiaco en la esfera celeste y a la que fotografiamos. Luego tomamos por una avenida llamada Valdecillas hasta una ruta. Antes de avanzar por ella vimos como un peregrino alemán que habíamos cruzado un rato antes intercambiando el clásico "¡Buen camino!" se detenía en un bar a tomar algo en las sillas de la vereda. Dudamos si imitarlo o no y d...

Esta etapa podría compararse con la estructura de una novela o un cuento que tiene un bonito principio que estimula a la lectura, un núcleo achatado sin demasiados matices y que sorprende con un final fantástico.

Salimos de Mogro con una mañana nublada y templada que facilitaba la marcha, anduvimos por suelo asfaltado rodeados de árboles y del canto de los pájaros, un escenario muy lindo, vimos una ermita y luego una iglesia. En un momento pasamos frente a una casa donde en su parque una máquina autónoma cortaba el césped, el sueño de todo cortador. El marco se mantuvo así hasta que después de varios repechos llegamos a un pueblito, que si mal no recuerdo se llamaba Mar. A partir de allí y durante muchos kilómetros el recorrido se hizo desolador y aburrido, a nuestro margen derecho, oficiando como una larguísima señal que no hacían necesarias las flechas amarillas corrían las tuberías de la empresa química Solvay, de tanto en tanto pasábamos o éramos pasados por alguna peregrina o pereg...

Partimos de Santillana del Mar bajo la lluvia, nos marchábamos cargados con la riqueza de haber visitado la villa. Aunque íbamos a su encuentro todavía estábamos alejados del mar. Comenzamos a subir por una típica calle empedrada, para retenerla nos fijamos en su nombre: calle de los Hornos. Rápidamente Santillana fue quedando atrás y cruzamos una ruta para tomar una calle de asfalto en bajada, anduvimos por ella un rato, bajo la lluvia, y llegamos a un caserío. Al pasarlo nos llamaron la atención unas construcciones circulares con unas especies de ventanas angostas, yo fantaseaba con que tal vez tendrían algo que ver con la guerra. Una vez más, nuestras coordenadas nos condujeron a un encuentro que abriría la puerta a un suceso, así fue que, intrigados por esas construcciones interpelamos a un lugareño que caminaba en el mismo sentido. El nos explicó que eran antiguos depósitos de cereal, la pregunta abrió un fluido y ameno diálogo que continuó hasta que llegamos a las proximidades de...

Fuimos a desayunar a un bar frente a la playa y luego, antes de retirar las mochilas de la pensión, fotografié el monumento a las pescaderas. Después, lentamente, a sabiendas de que era esta una etapa corta, iniciamos la marcha, nos había gustado mucho Comillas e íbamos repasando lo visto, como asegurando el recuerdo en el carruaje de la memoria. Tomamos por la calle Marqués de Comillas y nos llamó la atención una antigua y solitaria casa, luego recorrimos los jardines del Palacio de Sobrellano durante un rato hasta que decidimos dar por inaugurada la decimonovena etapa.

Tomamos por un muy lindo carril para caminantes por el que cruzamos una ría que vimos se llamaba de La Rabia, más adelante cuando debíamos haber recorrido ya unos cinco kilómetros, llegamos a un sitio identificado como el Parque Natural de Oyambre. Seguimos por la vereda de la ruta hasta la playa de Oyambre donde nos detuvimos un rato, seguíamos fieles a nuestra consigna de andar sin prisas, disfrutando de lo que cada m...

  

Esta etapa, resultado de una de las divisiones que hicimos, fue de apenas quince kilómetros y su recorrido muy placentero, acompañados por el bello paisaje cántabro, con el apacible sonido de mansos arroyuelos y el canto de los pájaros. Anduvimos por carreteras y senderos de tierra, cruzamos una ria, un puente bajo la vía y pasamos por un valle. Aunque con unas cuantas subidas ninguna de ellas nos demandó esfuerzo excesivo, con Sara bromeábamos que a esta altura ya teníamos un importante entrenamiento como peregrinos que nos facilitaba el andar.

La hospedería en que nos alojamos en San Vicente de la Barquera se llamaba de Las Calzadas y estaba sobre la calle de ese mismo nombre que a la vez era parte viva de la etapa ya a la salida de la villa. Así que tomamos por ella hasta que se prolongó en un camino de asfalto que nos llevó a un caserío. Ahí nos metimos por un sendero de tierra que nos hizo subir hasta un alto y desde ese lugar bajamos hasta otro pueblito donde tomamos por un...

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