La libreta de tapas negras 

de Antonio Ricciardi

Un atardecer de esos, Antonio Ricciardi cerró su libreta de tapas negras y, por las empedradas calles de la melancolía, se fue a tomar mate a la tierra de los recuerdos, dejando tras de si un sinnúmero de escritos...

Enero de 1973 (Inicio de mis anotaciones)

 

1

De camino a la oficina miro la vereda y me pregunto si mi sombra cargará con la misma condena que yo, esa que me obliga a subir reiteradamente la cuesta de mi existencia. ¿Acaso seremos ella y yo un burdo duplicado de Sísifo, un gesto de lo absurdo?

Creo que llevo demasiado tiempo caminando por esta vereda, haciéndome preguntas sin respuesta. 

3

El sonido de la máquina de escribir percute en ocasiones sobre mi interior, es como una especie de picana que busca mis lados más sensibles. Cuando pasa eso dejo que mi mirada se escabulla por la ventana, otras veces, cuando Pérez no está, saco mi libreta y escribo algo. Pérez es un sujeto tan común como su nombre, y resulta llamativa  su capacidad de metamorfosearse el  gris de la oficina. 

5

Hoy fueron las elecciones, voté por primera vez en mi vida. Después de votar salí a la calle y comencé a caminar sin rumbo fijo. El día lo ameritaba. No permanecía ajeno a la excitación que reinaba en el ambiente. A mis veintitrés años era permeable al entusiasmo. Al igual que la mitad del país yo había votado al Tío. Más allá de ideales políticos, su apariencia de hombre bueno me transmitía confianza. Se había abierto en mi interior una ventana a la esperanza y pensaba que tal vez el nuevo tiempo corregiría el gris de mi existencia, modificando mi escéptico discurrir. Pensaba que por ahí estaría bueno retomar la carrera de filosofía que había abandonado al empezar a trabajar. Llegué a una plaza y me senté en un banco. Me puse a observar a unos cabecita  negra. Siempre me gustaron estos pajaritos. Hoy su canto sonaba más bullicioso y prolongado... 

2

 

Me gusta, a la salida del trabajo, caminar por la Avenida Corrientes y meterme en las librerías de viejo. Suelo quedarme un largo rato hojeando libros. Me atraen los que hablan de filosofía y también los ensayos. Días pasados, entre un ejemplar de Youcenar y otro de Unamuno, encontré un pequeño libro de poemas. Me llamó la atención la tapa con la sombra de un hombre sobre un suelo de baldosas blancas y negras. La primera imagen que vino a mi cabeza fue la de alguien atrapado en un tablero. Eulogio Balibar es el nombre del autor. Aunque la poesía no es un género que me atraiga sentí el impulso de comprarlo. Ya en el viaje de regreso a casa empecé a leerlo.

4

Hoy tuve una rara sensación, sentí que los sonidos de la oficina se alejaban y junto con ellos el de mi máquina de escribir. Desde que lo compré suelo acudir con frecuencia a la lectura del libro de poemas. Esta es la primera vez que lo leo en la oficina, prescindiendo por completo del entorno. Leer los poemas de este escritor me genera distintas sensaciones. Por momentos siento que los mismos me interpelan, me sacuden, es raro...

El fin de semana intenté escribir un poema pero fue en vano, no me salió nada, no encontré la manera de poner en versos lo que corre por mi interior. Sin embargo, su lectura me estimula a escribir este cuaderno.

Continuará...

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