Sobre reconocerse...

Actualizado: abr 26


Interpretando a Vladimiro de "Esperando a Godot"

"Reconocerse en un oficio es reconocerse"

Esta frase, que durante un tiempo estuvo colgada en la puerta de entrada a mi página web, concentra la interpretación de muchos caminos recorridos. A lo largo de mi vida trabajé en un taller mecánico, en un diario, en una tienda de ropa, vendí máquinas de escribir, libros, repuestos, servicios de monitoreo de seguridad, títulos de capitalización, fui viajante de comercio de una empresa de alimentos y artículos de limpieza, técnico en mantenimiento de neumáticos, vendedor de autos y motos, gerente de ventas en tres empresas (neumáticos, medicina prepaga y seguros), capacitador de ventas y productos, empresario del neumático, dueño de un lavadero de ropa, socio en una pizzería, propietario de un taxi y productor de seguros. Puse mucho de mi en el ejercicio de cada labor sintiéndome feliz de participar de cada uno de los proyectos, en los mismos disfruté de los momentos de éxito que me estaban signados y acepté los fracasos que por ley existencial también me correspondían, tuve la fortuna de construir muchos vínculos y de hacer buenos amigos. Casi todos esos oficios fueron atravesados por uno que los unía: el de trabajador de la palabra. Un día, esa palabra cobró nueva vida, apareció entonces la escritura y los consecuentes libros, esto posibilitó la apertura de distintos caminos que entre otros lugares me condujeron a la tierra de mis raíces maternas para seguir reconociéndome y que muy pronto me llevarán también a las de mis raíces paternas. Luego apareció Escritor de la legua, la editorial que llevamos adelante en familia y, posteriormente, el dictado de los talleres de escritura. Finalmente, una necesidad vital de transformar en viva esa palabra escrita, poniéndole el cuerpo, me condujo a participar de talleres de teatro y a intentar reconocerme también en el aprendizaje del oficio de actor, que permite abandonar la soledad de quien escribe para acercar las palabras de un texto en vivo y en carne propia.

Hoy, felizmente, me reconozco en todos y cada uno de los oficios que ejercí, y este reconocimiento produce una muy estimulante sensación.

Ahora bien, soy hijo de dos exilios y los permanentes cambios de ciudades realizados desde mi infancia me llevaron a reconocerme también como exiliado, con la consabida dificultad para establecer la identidad con un lugar que ello conlleva. Hace unos días, estando de visita en Tandil, el lugar que más se aproxima al propio, una señora me preguntó en la calle si yo sabía donde había un locutorio y le respondí automáticamente "no sé, no soy de acá". Unas horas después le contaba esto a un amigo, el único que ha atravesado con esa condición desde hace más de cincuenta años, él me miró y me dijo "es cierto, vos no sos de acá, tampoco sos de allá, y eso es sin duda una carga".

De regreso a Buenos Aires estas palabras de mi amigo me sonaban en la cabeza y luego de un largo rato de análisis concluí que lo que me dijera era efectivamente así y que debía finalmente reconocer que yo no puedo decir en ningún lado "soy de acá". Pero eso abrió la puerta a otro reconocimiento, el de que en verdad es a la tierra de las palabras donde si puedo decir que pertenezco, y que, afortunadamente, la misma no tiene un territorio geográfico delimitado por fronteras.


Reconocerse en un oficio es reconocerse.




48 vistas1 comentario

© 2023 The Journalist. Proudly created with Wix.com

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now