Sobre exilios y aislamientos...


Hace alrededor de dos años, en uno de esos gestos que caracteriza mi ser rebelde, me alejé de las redes sociales, como una nueva forma de exilio. Recorriendo las razones que me llevaron a esto me detuve en una que me pareció significativa y que se conectaba con la palabra aislamiento. Esa era la sensación que sentía yo al estar en ella, medio atrapado, y empezó a asaltarme cada vez más la necesidad de salir de lo virtual para andar por los caminos de lo tangible y acercar la palabra en mano propia, mirando a los ojos. Probablemente en esto tuvo mucho que ver la circunstancia de haber recorrido junto a mi esposa los 815 kms del Camino del Norte a Santiago. Ese modo de compartir lo andado con personas de distintas razas, elecciones, credos o con agnósticos como nosotros, saludándonos en cada cruce con el "¡Buen camino!, las charlas en cada parada de descanso, las experiencias del día intercambiadas a lo largo de la cena o el compartir los motivos por los que cada quien hacía el camino me supieron a red social y enriquecieron mucho nuestro andar haciéndome sentir muy pleno y con ganas de seguir andando lo cotidiano en ese modo. Al regreso, encontré otras maneras de andar así, hice entonces teatro, acerqué a otros textos propios o ajenos y jugué con mis nietos inventando cuentos para ellos o recreando personajes que los alegraban como el de "la chica que los cuida". Planeamos también con mi esposa, para este mayo, salir a andar senderos por lejanas geografías. Por esos derroteros de la casualidad encontré un lugar y un profesor de teatro que me entusiasmó con su propuesta y esperaba con ganas el 7 de abril para comenzar el taller anual.

Pero entonces, vino este asunto del coronavirus y esta cuestión de ser sujeto de riesgo (nueva variante de esta calificación sobre mí que, por mi pensamiento e ideales, comenzó allá lejos en el tiempo al cursar el secundario) me obligo a este aislamiento preventivo, fiera denominación sin duda. Entonces, los juegos con mis nietos, la ilusión del taller de teatro y el proyecto viajero quedaron detenidos entre las paredes de mi casa haciéndome sospechar que esto se prolongará varios meses por el grupo al pertenecemos.

Y así, la palabra aislamiento se volvió a conectar con las redes sociales y pensé que ese modo de andar podría resignificar el vocabulario de las mismas y que el "me gusta" podría tener forma de abrazo o el "compartir" podría respetar el sentido altruista y solidario con el que carga.

Y por todo esto estoy de vuelta en ellas, ofreciendo lo que de mi pueda servir, poniendo en mi página web, a disposición de quien quiera, la descarga gratuita de todos mis libros, iniciando por Zoom un taller de escritura virtual, sin que por el haya que pagar o, simplemente, intentando acercarte mi sentir del modo más tangible posible.

Si estás leyendo esto dejame que te diga que me encanta volver a verte o que me produce una gran alegría conocerte.

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