Sobre la identidad de mi taller y la libertad creativa...

Actualizado: 17 de may de 2019


Bar La Paz Arriba, diciembre de 2018

Organizar un taller literario es algo que emprendí en su momento con algunas dudas, pero estas se despejaron en la medida que fui viendo como iba creciendo en textos el trabajo de cada viernes, dándole a mi taller la identidad que yo había idealizado. Esto me ha llenado de satisfacciones, permitiéndome disfrutar de la posibilidad de ver como quienes asisten consolidan su identidad escritora a golpe de su talento creativo. Hace tres años que Paula, Romina, Daniel y Hugo participan del taller, son colegas a quienes acompaño en su proceso creativo. La primera vez les dije que yo intentaría llevar adelante un taller en el que privilegiaríamos por sobre todo el acto de escribir, que escribirían sus textos, que los compartiríamos leyéndolos y que completaríamos ese acto creativo con el inevitable proceso de la reescritura. También les comenté que la reunión de cada viernes no sería una clase ya que de ese término se desprende la palabra maestro, nombre propio que me queda grande, que mi propósito era acompañarlos con mis opiniones o sugerencias para que ellos le dieran curso a la pulsión que los había traído al taller para desarrollar el artesanal oficio de escribir y que todo lo que yo les dijera sobre este apasionante arte podría ser cuestionado y/o debatido. Les conté que haríamos muchos ejercicios para estimular el proceso creativo y que tal vez algunos se saldrían de los cánones habituales de un taller literario, que lo escrito debe ser el resultado de una absoluta libertad, algo placentero, y que nos regiríamos por el principio del "Quiero..." y no el del "Tengo que...".

Desde aquel momento hasta hoy todos han tenido un libro publicado por Escritor de la legua y este año cerraremos la editorial publicando lo que escriban. En este tiempo hemos ido construyendo un fuerte vínculo y, apoyado en mis últimas andanzas por el Camino de Santiago, podría decir que somos peregrinos que coincidimos en el camino por las tierras de la escritura con rumbo al testimonio literario que vencerá al olvido.

Ellos aceptaron de buen grado, y lo siguen haciendo, cada uno de los ejercicios que les propuse desde aquella primera vez y con mucha generosidad se entregan a cumplirlos. Ayer, se me ocurrió detener la lectura de lo que vienen escribiendo y les propuse como ejercicio que escribieran algo, liberándose de que lo escrito tuviera que responder a algún género, que le dieran curso al río de palabras que sin dudas los habita y que después veríamos en donde habría desembocado. Lamentablemente, como ese ejercicio fue hijo del instante, no estaba Paula quien no había podido venir. Durante alrededor de quince minutos Romina, Hugo y Daniel se exiliaron en el país de la libertad creativa. Esto es lo que trajeron de allí, lo comparto en crudo, tal como salió.


Crepuscular


No tiene forma ni temporalidad,

surge de la caída de ese manantial,

renaciendo como bella cascada.

¡Tan fresca su agua!, da placer dejarse salpicar.

no buscábamos contar las horas que quedaban,

no era necesario un reloj,

con su sonido nos sentíamos bien.

Nada más podíamos pedir, soñar o añorar,

el tiempo nos pertenecía, se había detenido junto a nosotros.

El curso del arroyo nos acariciaba los pies,

sentados sobre unas piedras éramos testigos del momento,

eterno por bello, no por tedioso.

Así es nuestro amor, sin forma ni tiempo,

indescriptible estado embelleciéndolo todo,

iluminando el lugar.

Hugo D. Valia


Ser


Se llama Zulu, pero Zulu en África es como Carlos en Argentina.

“Hello, I need talk to Zulu” (me dice que hay muchos Zulu, que lo describa. Qué se yo, boluda, era negro y alto, son todos más o menos iguales.)

“¡Hi!, yes He is black (¿se dice black, boluda?) ¿hello, hello!... Me cortaron.

Marina y Carla se miraban a los ojos, buscando una respuesta... y nada

—También, sólo a vos se te ocurre embarazarte del conductor del jeep en el safari de África.

Carla se tomó la panza y estalló en una carcajada.

—¿Y ahora que vas a hacer.

—Madre— respondió Carla con aires de orgullo.

—Vos te das cuenta de que es muy probable que el bebé sea negro.

—Lo malo sería que vote a la derecha

Romina M. Sofi


Pelea limpia


—¡Cayó una columna!

—¡Sí, mi general.

—Corran, corran… —gritó muy seguro ese oficial.

—¡Atención! La caída fue en el otro lado; las tropas ligeras.

El general asentía y seguía todo con su largavista. “Otro más y van…”, pensaba. Se recompuso.

—¡Atención! No perdamos nuestro objetivo.

—¡Pero es difícil! Johnson no opera. ¡Atención, Johnson! —con el equipo de comunicaciones— ¡Atento, Johnson! —Sin respuesta.

Pero, con pérdidas, la tropa cumplió su objetivo. El peine, con la caída de un diente, otro diente, peinó a su dueño.

Daniel M. Potick

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