Sobre las recompensas...

Actualizado: mar 19


Personalmente, creo que no es posible transitar el camino de escribir y salir indemne, sin magulladuras. Al transitarlo, caen sobre las palabras escritas jirones del propio ser que se abigarran en el texto. Corre por lo escrito la angustia de los caminos no andados, por no haber podido, sabido o querido andarlos, la que finalmente se convierte en afluente del río escritor hasta que este desemboca en un texto. Señalan el rumbo huellas de los caminos que sí fueron transitados y luces de lo amado iluminan los relatos, mientras, al rescoldo de los afectos, se abriga la esperanza . Inevitablemente se es parte de una época y siempre, de algún modo, quien ejerce un arte lo hace al estímulo de las corrientes que cruzan su tiempo. Así es como el amor, el odio, la esperanza, las pasiones, la pobreza, las luchas, la soledad, los ideales, la injusticia, la insensibilidad y tantas otras cuestiones de la humana condición se convierten en la argamasa con la que se intenta contar ese tiempo, porque el ejercicio de un arte probablemente no es otra cosa que la declaración testimonial del artista acerca del tiempo que le tocó vivir y que las magulladuras recibidas por ello son las condecoraciones que honran el intento de ejercerlo. Se me disparó este texto luego de una clase en mi taller de escritura que me dejó pensando, y se me ocurrió entonces que quienes intentamos ejercer un arte recibimos, como recompensa, la posibilidad de contar a los cuatro vientos que estamos vivos.

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