Sobre revoluciones, desembarcos, amor y caminos circulares...

Actualizado: 30 de mar de 2019


Durante el año sesenta y ocho, desde el interior, con algunos amigos veníamos una vez al mes a la Capital. Esos fueron, a mis diecisiete años, más que viajes, desembarcos en tierras inaugurales: de la rebeldía, de la amistad, del amor, de los ideales, del vino compartido. Eran tiempos de los libros y longplays en la Avenida Corrientes, del mayo francés, de Sartre, de Simone de Beauvoir, de Almendra, de Artaud y Rimbaud, de Cortázar y de aquella balsa que Tanguito y Nebbia echaron a naufragar en busca de la libertad. Y por sobre todo eran tiempos de Revoluciones, así con mayúscula. En el derrotero de esos viajes unos de los lugares al que íbamos era el Bar La Paz donde, a la admiración por algunos de los parroquianos que a veces descubríamos en alguna de las mesas marrones se sumaba nuestro propio debate: el de una gran revolución que estallara en igualdades. Después la vida me llevó, embarcado en los más de veinte empleos y emprendimientos personales que ejercí, a recorrer caminos y a vivir en muchas ciudades. Durante ese tiempo, aquel de los debates sobre la gran revolución se convirtió en un entrañable recuerdo que sirvió de soporte a la construcción de tantísimas anécdotas, algunas de las cuales se convirtieron en relato. Pasados los años, aquellas tierras de la rebeldía en las que desembarcara y que nunca abandoné, a pesar de los golpes, se convirtieron en tierra fértil para crear junto a mis hijos Escritor de la legua, emprendiendo la aventura de editar a nuevos autores, a plantar libros con la esperanza de que florezcan en pensamiento, en capacidad de análisis. Buscando un lugar donde presentar uno de los primeros libros editados la casualidad, o tal vez la circularidad de los caminos, me llevó, al andar por la web, a encontrarme con el Bar La Paz Arriba Arriba (lugar cultural) y con la gran hospitalidad y buena disposición de quienes lo llevan hoy adelante. Y al subir las escaleras redescubrí los billares, hoy cubiertos de libros y entonces un viejo aroma existencial me llenó los sentidos. A partir de allí presentamos varios libros, y en cada presentación disfrutamos al vivir y participar de momentos de esos que se atesoran. Desde el primer libro que presentamos, cada vez que hablo con alguien a quien editaremos le señalo como un importante valor agregado que su libro lo presentaremos en el Bar La Paz Arriba. Yo siento que estas cosas además de vivirlas y agradecerlas hay que contarlas, en mi caso de una de las maneras en que habitualmente lo hago: escribiéndolas. En mayo de 2018, después de la emotiva presentación de una novela que hablaba de pequeñas revoluciones, con mi hija extendimos lo placentero en una cerveza compartida. En en el discurrir de la charla que fue visitada por recuerdos de aquella época de mi juventud que se escapaban de los pliegues de mi existencia, yo le decía que por estos tiempos mi aspiración ha cambiado un poco y que con esta aventura editorial siento que estamos llevando adelante pequeñas revoluciones sustentadas por la remembranza de aquellos tiempos. Y al mirarme en sus ojos claros pensé en lo bueno que tiene a veces la circularidad de los caminos que nos hace permanecer en tierras de revoluciones y de amor.

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