Sobre sociedades, pandemias, sujetos de riesgo,resistencias y esperanza...


Cuando era muy chico, allá en la casa de Banfield, mi tía abuela Pilar me contaba historias, sin que ella y yo supiéramos entonces que con sus relatos estaba signando mi destino escritor. Recuerdo que me hablaba del departamento de la calle Romanones, en Tirso de Molina, al que en un momento de la guerra civil habían ido a vivir con mi madre, alejándose de Morata de Tajuña lugar en el cual, por su pensamiento, eran familia de riesgo. Me contaba ella sobre los bombardeos y de cómo, mientras el pueblo madrileño resistía, ellas se adaptaban a tener que bajar al refugio cuando sonaba la sirena. Me decía que eran épocas en las que el tiempo discurría muy raro y las horas se representaban de extrañas maneras mientras el sostén era la esperanza.

Pasados los años, llegó acá el oscuro tiempo de la dictadura y recordé aquellos relatos. Fue una mañana de octubre en un barrio de la casa de Mendoza cuando sabiéndome un sujeto de riesgo, tal como me calificaran en la secundaria, arrojábamos por la medianera, hacia un terreno baldío, libros, revistas y discos. Entonces se me hizo presente aquello de las épocas, el discurrir del tiempo y la extraña representación de las horas mientras la resistencia sostenía a la esperanza.

Por estos días de pandemia, en el aislamiento al que me lleva este ampliado modo de ser sujeto de riesgo, miro a lo lejos desde el piso 13 y entre los nubarrones se entrecruzan los recuerdos de aquellos tiempos, el de los relatos y los propios; entonces, el discurrir del tiempo me resulta raro, las horas se representan de extrañas maneras, la resistencia dice presente y en el horizonte la esperanza vuelve a colgar una sonrisa...

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