Sobre el intento de ejercer un arte

Foto tomada en Trujillo (España) en casa de mi tía M. Teresa Pérez Zubizarreta, pintora y fotógrafa.


Personalmente creo que no es posible transitar el ejercicio de cualquier arte y salir indemne, sin magulladuras. En este que yo pretendo ejercer seguramente caen sobre el teclado jirones de mí mismo. Corre en lo que escribo la angustia de los caminos no andados, por no poder, no saber o no haber querido andar, huellas de los caminos que sí fueron transitados, resplandores de los viejos ideales y la esperanza de los que andaré.

Inevitablemente se es parte de una época y siempre, de algún modo, quien ejerce un arte lo hace al estímulo de las corrientes que cruzan su tiempo. Así es como el amor, el odio, la esperanza, las pasiones, la pobreza, las luchas, la soledad, la amistad, los ideales, la injusticia, la insensibilidad y tantas otras cuestiones de la condición humana se convierten en la argamasa con la que se intenta contar ese tiempo, porque el intento de ejercer un arte probablemente no es otra cosa que la intención del artista de hacer una declaración testimonial del tiempo que le tocó vivir y las magulladuras son las condecoraciones recibidas.

Una vez, un amigo me habló sobre la angustia que le producía no poder vivir de su arte. Y me quedé pensando, y no le quité razón a su angustia, y se me ocurrió, como contraposición, que quienes pretendemos ejercer un arte recibimos como paga la tranquilidad que da el intentarlo y que hacerlo es para nosotros estar vivos.

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