12 de junio de 2018: Tercera etapa, de Zarautz a Zumaia

Con los ecos del amistoso encuentro con Luisma y Aran resonando en nuestra memoria sensible acometimos la tercera etapa. La lluvia amaneció junto a nosotros y nos acompañó buena parte del recorrido, que no por corto careció de belleza. Empezamos a caminar bajo el agua, y el viento que soplaba empujándonos hacia atrás nos hacía fantasear con que Zarautz nos abrazaba, como queriendo retenernos. Con el recuerdo de las imágenes de la película Ocho apellidos vascos y con el deseo de visitar Getaria elegimos el paseo marítimo que une ambos pueblos. No nos equivocamos y disfrutamos mucho de ese trayecto. La lluvia volvía a estimularnos y, envueltos en nuestras capas, nos convertíamos en imaginarios personajes que la desafiaban cantando.

Una vez en Getaria, el pueblo de Juan Sebastián Elcano, recorrimos sus calles, sellamos nuestras credenciales en la Oficina de Turismo, donde con natural y hospitalario modo nos regalaron un momento de amena conversación. Luego nos pusimos un rato a cubierto de la lluvia en un bar donde tomamos un café, ya habíamos aprendido a pedirlo: “dos cafés con leche cortos de café”

Finalizado el descanso, retomamos el camino hasta que, andadas unas cuadras por una ruta, tomamos un desvío que nos llevó, subiendo, hasta el pueblito de Askizu, con su consabida iglesia y una fuente de agua su lado. Después de unos metros por una carretera tomamos por un sendero y empezamos a bajar. La lluvia, en complicidad con Zumaia, se replegó un momento para que el sol iluminara las bellas vistas que de ese pueblo y su puerto se ven a lo largo del descenso.  Finalmente, cruzando el río Urola por un puente llegamos al centro. Una vez alojados salimos a buscar un reparador almuerzo, una vez más, el menú peregrino fue acompañado por la amable y hospitalaria charla de quienes nos atendían.

Dedicamos el resto de la tarde a recorrer Zumaia y a conversar con quienes nos ofrecían su diálogo, como ocurrió con la gente de la Oficina de Turismo donde sellamos las credenciales, y con los dependientes del supermercado donde compramos algo para cenar. Un conjunto escultórico en homenaje al diálogo (Elkarrizketa) y una escultura a la Aguadora cautivaron durante un rato nuestra atención y refugiamos sus imágenes en nuestra memoria y en la del celular. Frente a la estatua nos encontramos con un peregrino francés que había iniciado el camino en su pueblo de Francia. En una mezcla de francés y español charlamos un rato y después él siguió camino. Lo volveríamos a cruzar varias veces.

Llegado el atardecer nos fuimos a la pensión, descansamos un rato dialogando sobre lo vivido hasta ese momento y después dimos cuenta de las provisiones que habíamos comprado. Finalmente, con algo de cansancio, nos acostamos temprano. En lo personal me costó conciliar el sueño, la del día siguiente no sería una etapa cualquiera ya que finalizaría en Deba, el pueblo donde se originó mi familia materna, allí nació mi tía abuela Pilar Pérez Zubizarreta que, hasta que partió a mis diecinueve años, no solo ofició amorosamente el papel de abuela sino que tuvo gran responsabilidad en que yo abrazase con el tiempo el oficio de escritor.

No sería la primera vez que visitaría yo Deba, ya había estado allí en los dos años anteriores presentando dos libros míos que tienen al pueblo como protagonista. La idea del seguro reencuentro alrededor de una mesa, para celebrar la amistad con Eduardo, Raymundo, Alex y Jasone y la de volver a caminar por las calles ese querido pueblo dónde, frente a la farmacia que fuera de mi bisabuelo o al edificio de la casa en la que vivían, construcciones que aún están, resonarían una vez más los ecos de las voces familiares. En Deba comenzaría el exilio familiar que los llevaría a Morata de Tajuña donde nacerían mi abuelo y mi madre, exilio que culminaría con la dispersión familiar y la llegada de mi madre y mi tía abuela a Argentina después de la guerra civil, para que, en esa natural mezcla de italiano y española, naciese yo en Punta Alta. Finalmente, el cansancio se impuso y me dormí.

Continuará en: Cuarta etapa, de  Zumaia a Deba.

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