14 de junio de 2018: Quinta etapa, de Deba a Markina Xemein

Antes de las primeras luces, y con la ansiedad de encarar el desafío ya estábamos en pie. Desayunamos rápidamente, cargamos las mochilas y salimos. El silencio de Deba a esa hora solo era alterado por el eco de nuestros pasos, y en nuestro interior resonaban cálidamente las voces del encuentro del día anterior.

Cruzamos el puente sobre el río, le dimos un último chau a Deba y nos adentramos decididamente en los primeros paisajes de la Gipuzkoa rural. Tal como habíamos leído, la etapa se presentaba como solitaria y pletórica de bellos paisajes y sonidos. Felizmente la lluvia nos estaba dando una tregua y un tibio sol nos sonreía.

La etapa nos predisponía al diálogo y entre conversaciones en las que predominaba el asombro por la belleza y la felicidad por haber tomado la decisión de hacer el camino, que reflejábamos en los videos que íbamos grabando, fuimos transitando un bellísimo sendero boscoso que iba ganando altura haciéndonos sentir el esfuerzo, esto no nos amilanaba, nos sentíamos pletóricos y llenos de energía. Luego de haber andado algo así como cinco kilómetros, llegamos al collado de Galabixogain donde está ubicada la Ermita del Calvario. Nos detuvimos allí un rato para descansar, comer unas pasas de uva que compráramos en Deba y a beber agua. Luego de ello, nos despedimos del mar al que no veríamos por unos días y encaramos hacia Olatz, lugar al que llegamos por un camino pedregoso. La vista del valle es preciosa, una clara postal de la belleza vasca.

A partir de allí comenzamos a subir decididamente atravesando el Monte Arno, el plano nos indicaba que debíamos ascender 300 metros, y verdaderamente estos se hacían notar, en algunas de las cuestas nos veíamos obligados a ir a un paso muy lento para no agotarnos y de tanto en tanto deteníamos la marcha para recuperar fuerzas y seguir subiendo, pero nada menguaba nuestro entusiasmo y determinación. Cada tanto teníamos el premio de un sendero boscoso poblado de robles y encinas. En uno de ellos, en las inmediaciones de un caserío, luego de haber trepado una durísima cuesta que nos llevó a la cima del monte, nos detuvimos a almorzar las provisiones que cargáramos en Deba. Calculamos que estaríamos a mitad de camino. Mientras comíamos charlábamos animadamente y nos decíamos que aunque muy esforzada, la etapa no nos estaba resultando tan dura como nos dijeran. Después de descansar un rato y con la esperanza de seguir con esa sensación retomamos la marcha.

Así fuimos bordeando el valle y entre descensos y nuevas cuestas avanzamos hacia Markina. Finalmente llegamos hasta lo que en primera instancia nos pareció un alivio: el descenso al pueblo. Rápidamente nos dimos cuenta de que no era así, que esa abrupta e interminable bajada era un castigo a nuestras rodillas. Verdaderamente se nos hizo eterna y cuando nos dimos cuenta que había aflojado nos llenamos de alegría, ¡Markina estaba a la vista!

Ya llegando, nos cruzamos con un lugareño que nos recomendó enfáticamente que visitáramos lo que para él era una joya del camino en la que pocos peregrinos se detenían: la Ermita de San Miguel de Arretxinaga. Dispuestos a no perdernos nada de lo que se nos recomendara le hicimos caso y fuimos a visitarla.  Ni bien entramos nos maravillamos, en la misma hay un conjunto megalítico formado por tres inmensas rocas del periodo terciario, de cuarenta millones de años  atrás, lo notable, es como están sujetadas, las piedras entre sí, en un equilibrio que parece que se van a caer. En el medio la imagen del santo. Permanecimos allí un rato disfrutando del lugar y agradeciendo habernos cruzado con el lugareño que nos sugirió la visita.

Ya hacía diez horas que habíamos iniciado la etapa, los veintiocho kilómetros recorridos, sus duros ascensos y la fiera bajada nos estaban pasando factura. La pensión en la que descansaríamos estaba a más de dos kilómetros así que salimos de la Ermita dispuestos a buscar el descanso. Le preguntamos a una joven como llegar a Extxeberría y al respondernos nos puso en contacto con un término que no solo oiríamos muchas veces en adelante sino que caminaríamos sobre el: Bide gorri (camino rojo). Aunque cansados no dejamos de disfrutar de la belleza de ese camino, igual sabíamos que tendríamos revancha al día siguiente cuando lo desándaramos para poner la proa a Gernika.

Finalmente llegamos a la pensión y disfrutamos de las mieles de una ducha. Luego, en la previa a cenar tomamos algo en el bar y compartimos la charla con la encargada y su pareja, una joven argentina que conociera en un viaje a Buenos Aires. Ambas estaban muy contentas porque se había aprobado aquí en Argentina, en diputados, la ley de despenalización del aborto. De esa manera nos enteramos de esta noticia que también celebramos.

Cenamos en el amigable restaurante de la pensión y luego nos fuimos a dormir, al día siguiente volveríamos a levantarnos al alba ya que nos esperaba una etapa igual de dura.

 

Continuará en: Sexta etapa, de Markina Xemein a Gernika...

 

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