18 de junio de 2018: Novena etapa, de Bilbao a Portugalete

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Decididos a cruzar la ciudad de Bilbao iniciamos la marcha mientras el sol, jugueteando con las nubes, acompañaba nuestra salida. Bilbao tiene siete calles primitivas, que son el núcleo de la ciudad original y que hoy ofrecen un atractivo recorrido por su casco viejo y permiten remontarse imaginariamente a la época medieval, estas arterias constituyen un gran patrimonio ya que son pocas las ciudades europeas que conservan enteras sus primeras calles. Por La Tendería, una de ellas, salimos hasta la de la Ribera donde nos encontramos con el enorme mercado cubierto que lleva el mismo nombre. Por el puente San Antón cruzamos la ría del Nervión, en la antigüedad desde ese puente tiraban a los delincuentes a quienes previamente le habían atado una piedra al cuello, a esto llamaban embozamiento. Los nombres de las calles  antiguas de Bilbao tienen para mí un atractivo muy particular, como la que tomamos al salir del puente que se llama Bilbao la Vieja. Por ella llegamos hasta la calle San Francisco y a la plaza Zabalburu para tomar la Avenida Autonomía, donde a nuestros pies se tendió una señal que nos marcaba el camino, esta fue la primera que vimos colocada en el embaldosado de la vereda. Antes de encarar el largo recorrido por esa avenida, y a modo de despedida, nos tomamos un cafe con leche corto de café. Luego de ello retomamos la marcha y después de la Autonomía enganchamos la Avenida Montevideo por la que también anduvimos un largo rato, hasta que llegamos a una calle con una fuerte subida que nos llevó hasta el Camino Kobetas desde donde gozamos de una fantástica vista de la ciudad. Finalizada la subida, y extrañando el mate, nos sentamos a descansar un rato en un banco.

Cruzamos un barrio llamado Urgozo y luego anduvimos un rato por asfalto, después de varias vueltas entramos en una calzada medieval que cruza un bosque y finalmente llegamos a la ermita de Santa Agueda, ocho kilómetros nos separaban del inicio de la etapa. Cargamos agua en la fuente, comimos unos cereales y encaramos hacia Barakaldo, en una rotonda desviamos a la izquierda por una calle llamada de La Paz y pasamos al lado de una cancha de fútbol hasta llegar a un bidegorri que va al lado de un río: hermoso paseo.

Con doce kilómetros de la etapa ya en nuestro haber llegamos a Retuerto, donde un hospitalario bar nos recibió, allí realizamos nuestro ritual de "clavarnos un pincho", como habíamos dado en llamar al bocadillo que comíamos alrededor del mediodía. Mantuvimos una animada conversación con los dependientes y luego de sellar nuestras credenciales retomamos la marcha. 

Luego de andar por zona urbana llegamos a Sestao, casi se nos escapa a la vista la señal que hay en un edificio antiguo y nos pasamos de largo, por suerte ya habíamos desarrollado el sentido buscador de señales. Es difícil establecer el límite entre Sestao y Portugalete ya que está todo edificado. Así fuimos llegando a la desembocadura del Nervión y frente a nuestros ojos se presento la estructura funambulista que apoyada en varias torres cruza la ría: el puente colgante de Portugalete nacido en 1893, que a 60 metros de altura  lo une con Getxo. 

Finalmente, en un descendente y bello recorrido entre calles antiguas llegamos al lugar donde nos hospedaríamos ubicado en la plaza del Solar, con el puente colgante a nuestro frente. Allí nos recibió el monumento a Victor Chavarri, industrial y político nacido en Portugalete.

Fue una etapa muy interesante y atractiva, no demasiado exigente que mezcló el recorrido ciudadano y el patrimonio histórico con hermosos paisajes, para rematar con la vista de esa impactante obra que es el puente colgante.

Una vez alojados, lo que quedaba de la tarde lo dedicamos a tareas de mantenimiento, lease lavado de ropa, zapatillas, reorganización de las mochilas y unas horas de descanso. Luego de cenar el clásico menú peregrino caminamos un rato a orillas de la ría y cuando regresó la lluvia, nuestra habitual compañera de viaje, nos fuimos a dormir. La etapa del día siguiente, por su extensión y complejidad la habíamos dividido en dos.

 

Continuará en: Décima etapa, de Porugalete a Ontón

 

 

 

 

 

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