19 de junio de 2018: Décima etapa, de Portugalete a Ontón

 

Esta etapa la dividimos en dos por su extensión total y complejidad. Por esta razón decidimos levantarnos más tarde de lo habitual, pero el sonido de la lluvia en la ventana nos despertó antes que la alarma del teléfono. Desayunamos mirando como llovía copiosamente y luego, equipados con nuestras capas, emprendimos la marcha. La llegada a Portugalete al igual que lo recorrido antes de ir a descansar nos había mantenido en la parte vieja de la ciudad y ahora, para retomar el camino, debíamos cruzar la parte más nueva. Para ello, la escalera mecánica que nos subió a la parte alta para tomar la avenida Carlos VII y después a una carretera fue una contundente declaración de modernidad. Luego de recorrer más o menos un kilómetro, tomamos por un bidegorri (camino rojo), el tránsito por el mismo fue muy ameno y finalmente desembocamos en La Arena. Los últimos dos días habíamos transitado tramos muy urbanizados y desde que no adentráramos en el territorio en Markina Xemein nos veíamos el mar. El final del bidegorri tuvo el premio de ponernos en contacto nuevamente con la salvaje belleza del Cantábrico, así que decidimos hacer un alto en esa playa para tomar un café, sacar fotos y filmar algún video.

Finalizada la parada retomamos la marcha, cruzamos un puente peatonal sobre un río, cuyo cartel nos señala que se llama Barbadún y pasamos frente a una ermita llamada de la Virgen del Socorro, dejando a la izquierda el pueblo de Pobeña, lugar en el que algunos peregrinos terminan la etapa.

Ese pueblo nos quedó atrás y subimos unas escaleras que nos dejaron en un camino de asfalto, que en realidad es la plataforma del antiguo ferrocarril minero que por allí pasaba y que ahora es una vía verde. Esta parte es la más linda de la etapa de hoy, hay un balcón al mar que ofrece hermosas vistas, se puede decir que este es la clase paisaje que uno anhela encontrar cuando se decide hacer el Camino del Norte. Nosotros disfrutamos un montón de ese tramo y nos detuvimos muy a menudo, queríamos cargar en nuestra memoria la enorme belleza que se desplegaba frente a nosotros.

Finalizada esta vía verde llegamos a una carretera local y obedeciendo las señales del camino la tomamos para abandonar enseguida  el País Vasco y entrar en la Comunidad de Cantabria. Luego atravesamos un pequeño túnel, cruzando después por abajo de una gran autopista. Enseguida tomamos una ruta, la N634, que en siguientes etapas transitaríamos bastante. Para llegar al hospedaje donde dormiríamos tomamos en sentido contrario al del camino y luego de casi tres kilómetros en fuerte subida llegamos a destino. Junto a una estación de servicio, el Hostal El Haya era lo único que había. Así que dedicamos un rato a las tareas de reacondicionamiento nuestro y de la ropa habituales para después charlar un rato con los encargados del hostal. Después de ello, y en el restaurante que tienen cenamos uno de los mejores menús peregrinos de todo el camino, por lo rico y abundante que resultó una muy placentera recompensa. La etapa del día siguiente nos llevaría a uno de los lugares sobre los que teníamos muchas expectativas y habíamos decidido salir temprano para poder recorrerlo en extensión.

 

Continuará en: Etapa once, de Ontón a Castro Urdiales

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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