20 de Junio de 2018: Etapa once, de Ontón a Castro Urdiales

 

 

 

Con esta etapa completaríamos la cuarta parte de nuestro cometido y, al hacerlo, la sensación de que cumpliríamos el objetivo de arribar a Santiago de Compostela se agigantaba.

Con el entusiasmo de llegar a Castro Urdiales para recorrerlo salimos temprano, se trataba de una etapa de apenas nueve kilómetros que discurriría en mayor medida por la ruta N634. El día, soleado y esplendente, estimulaba la marcha. Con algún esfuerzo por lo empinada de la misma la fuimos recorriendo, aunque andábamos sobre asfalto los paisajes seguían siendo impactantes, la vista del pueblito de Mioño resultó muy linda y el túnel que se cruza a la salida para encarar hacia el final es muy interesante, al recorrerlo nos divertimos simulando aventuras. Finalmente iniciamos la bajada hasta Castro Urdiales disfrutando de unas preciosas vistas de la costa y luego de un largo recorrido por la ciudad llegamos al casco viejo donde estaba la pensión en que nos alojaríamos. Seguía llamándonos la atención la poca cantidad de peregrinos que nos cruzábamos, solo alguno que otra de tanto en tanto y con quienes intercambiábamos el tradicional saludo de "¡Buen camino!"

El Camino del Norte en su totalidad es una sucesión de hermosos paisajes, conjuntos monumentales históricos, rastros de antiguas civilizaciones, cultura viva, deliciosa gastronomía y lindos pueblos y ciudades. Difícil resulta elegir con cual quedarse o establecer un podio, en realidad, a cada lugar que se llega uno lo califica como el mejor y más imponente, a sabiendas de que al otro día sucederá lo mismo con el siguiente, renovándose así cotidianamente la capacidad de asombro.

Castro Urdiales no sería la excepción y llegar temprano nos permitió recorrerla en extenso, con lo cual los nueve kilómetros de la etapa se agrandaron bastante. La villa, conocida también como Flavióbriga en virtud de ser un antiguo asentamiento romano, tiene en su casco viejo un entramado de atractivas calles empedradas y casas con balcones de madera, un club náutico poblado de embarcaciones y se caracteriza además por una exquisita gastronomía de la que damos fe luego de haber dado cuenta de un exquisito besugo, plato que comimos en una especie de almuerzo cena a las siete de la tarde, antes de ir a descansar ya que la etapa del día siguiente hasta Laredo sería muy larga (27 kms) y exigente.

Su conjunto monumental histórico es impactante y resulta sin duda la estampa más representativa de la ciudad. Está formado por la Iglesia gótica de Santa Ana, el castillo faro que se ubica al lado, el hermoso puente medieval y la ermita de Santa Ana. Todo ello lo recorrimos con detenimiento al igual que las calles del casco viejo, el yacimiento romano de Flavióbriga y el paseo del muelle.

Pero, además de todo esto, Castro Urdiales tenía para mi un atractivo adicional que había aumentado mis ansias de llegar allí. Como escritor y poeta, uno de los más grandes referentes que tengo, junto a Hector Negro, Armando Tejada Gómez y Mario Benedetti es Hamlet Lima Quintana, a quien descubrí a mis dieciocho años escuchándolo decir en un programa de televisión su relato "La pajarita de papel". Luego, la vida me regaló la posibilidad de conocerlo a través de un amigo común y escucharle hablar entre otras cosas de su tiempo en Castro Urdiales y de las tristes páginas de exilio que muchos tuvieron que escribir. Entonces, mientras caminábamos, sentía en esas calles la presencia de él y sus amigos y en mi corazón sonaba aquel poema que le escribiera a Carlos Alonso y que, para cerrar esta entrada y a modo de homenaje a los recuerdos y los exilios, copio aquí.

 

"Y todo un pueblo nos pobló de paz,
de eso no sabe el enemigo."

 

CANCION PARA CARLOS ALONSO

 

Muchas veces recuerdo Castro Urdiales,
esa breve bahía que en España
ponía verdes, amarillos,
rojos a porfía en las barcas pesqueras del Cantábrico.

Allí llegué una mañana
a la casa de Horacio Guarany
para encontrarme con Armando
y este Carlos Alonso del dibujo y el color alucinados.

Eso fue ya hace tiempo, por el 78...
Pero recuerdo dolorido
que Carlos hablaba de Paloma, su hija,
que integra esas listas de los que no regresan.

Entonces yo pensaba en esta tierra,
la gente de estos lares,
la sangre de mi sangre,
los amigos, el amor desmayado
a través del Atlántico
y me dolía el alma
que regresaba entre los vientos,
regresaba de mi angustia
a la angustia de estas calles,
las cartas con noticias, la música en la sangre
y lloraba, les juro que lloraba.

He caminado por la soledad
junto a la vida de un amigo.

El pecho justo nos creció a los dos
éramos fuente del abrigo.

Él y yo, sol y luz
nos contábamos el tiempo que pasó.

Él me contaba sombras de crueldad,
mientras lloraba con mi amigo.

El pecho justo se pobló de amor
de eso no sabe el enemigo.

Él y yo, sol y luz
nos contábamos el tiempo que pasó.

Y todo un pueblo nos miro pasar,
el pecho entero y dolorido.

Y todo un pueblo nos pobló de paz,
de eso no sabe el enemigo.

Él y yo,sol y luz
nos contábamos el tiempo que pasó.

 

 

 

 

 

 

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