23 de junio de 2018: Etapa catorce, de Noja a Güemes

 

Cada etapa sigue proveyendo alguna sorpresa, esta la causó la comprobación de que su recorrido no era tan difícil como parecía en el mapa. Anduvimos por camino de tierra y bastante asfalto, en un marco bucólico y rural que favoreció la conversación y el repaso de los momentos más intensos y emocionantes que habíamos vivido hasta ese momento. Fue un tránsito muy placentero y distendido, una ermita a la salida de Noja, unos cuantos vericuetos que dimos al pasar por Castillo, Arnuero y Meruelo, un puente muy bonito sobre un río y el paisaje rural fueron los puntos más salientes. 

Llegamos a Güemes poco después del mediodía, es un pueblo muy pequeño y acogedor con apenas un puñado de casas y una bonita iglesia, que a esa hora del sábado estaba muy concurrida. Nos clavamos el clásico pincho en el restaurante frente a la iglesia, allí había unos pocos peregrinos en el mismo cometido. Advertidos por el dueño de que por la noche era muy concurrido reservamos una mesa para la cena.

Ahora bien, el punto sobresaliente de esta etapa fue la Posada del Camino del Norte, que más que una posada es un hogar en el cual sus dueños, María y Tomas, te reciben con una hospitalidad que nos hizo sentir como en casa. Es una edificación de más de cuatrocientos años y dormir allí es transportarse en el tiempo.

Por la tarde salimos a dar un recorrido por el pueblo, que duró poco por lo pequeño del lugar. Luego regresamos a la casona y disfrutando de la tarde soleada nos sentamos en el patio a conversar con María y Tomas, fue un rato muy disfrutable en el que charlamos sobre un sinnúmero de temas, que fueron desde la historia de esa casa y de como ellos la transformaron en posada a las habilidades culinarias de María, pasando por la tarea de fotógrafo de Tomas, el análisis de la realidad del mundo y sobre literatura y viajes. Cuando llegamos al punto de viajes inevitablemente salió la mención al Padre Ernesto Bustio, viajero y peregrino de la vida como él se define, natural de Güemes y que ofició de cura obrero en Santander. Es el fundador de uno de los albergues más emblemáticos del camino: La cabaña del abuelo Peuto que funciona allí en Güemes en la casa donde nació. La historia de este cura viajero que ha recorrido el mundo es muy rica y apasionante y merecería un texto mucho más extenso que esta mención. En sus andanzas por el mundo hace poco se decidió a hermanar su Güemes con los de latinoamerica, así fue como llegó al nuestro, en Salta. Nos ocupó un largo rato de conversación, y acuciados por las ganas quisimos ir a conocerlo pero no estaba en el pueblo.

Enriquecidos por la charla nos fuimos a cenar, cerrando una jornada en la cual el atractivo principal no fue la belleza del paisaje o los conjuntos monumentales históricos sino la Posada del Camino del Norte y la rica conversación con María y Tomas.

 

Continuará en: Etapa quince, de Güemes a Santander

 

 

 

 

 

 

 

 

Posada Camino del Norte

 

 

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