24 de junio de 2018: Etapa quince, de Güemes a Santander

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta etapa, cuyo recorrido estaba anunciado como muy corto, comenzó de la mejor manera posible: con un exquisito desayuno en el comedor de la posada disfrutando de las delicias preparadas por María. Luego, a sabiendas que ese lugar quedaría incluido en el anaquel de los mejores recuerdos, nos despedimos afectuosamente e iniciamos la marcha.

La salida conservó la fisonomía de la etapa anterior ya que por ruta avanzamos algo más de cuatro kilómetros hasta llegar a Galizano, el pueblo siguiente. Ahí se nos presentó la disyuntiva de seguir por el camino oficial o de la alargar la etapa en cuatro kilómetros tomando la variante costera. Elegimos esta última opción y no nos arrepentimos de la decisión ya que luego de pasar por ese pueblo bordeamos, a puro acantilado, la imponente y salvaje belleza del Cantábrico. Entre mutuas exclamaciones por la belleza de lo que veíamos llegamos hasta la playa de Langre y a su mirador, luego continuamos hasta Loredo para desde allí volver a la ruta y llegar a Somo donde, al igual que en Noja, caminamos por sus playas dejando que el mar acariciara nuestros pies, cosa que les vino muy bien. Luego abandonamos la arena y entramos a Somo donde comimos el clásico pincho del mediodía en medio de un festival de autos y sonido. Después de ello nos dirigimos al embarcadero para tomar una de las pedreñeras, el barco que nos llevaría a Santander.  

Una vez desembarcados, cruzamos toda la ciudad para llegar a la pensión en que dormiríamos. En el recorrido, al preguntarle al mozo de un bar por una calle, entablamos, al ser reconocidos como argentinos, el natural diálogo futbolístico en época de mundial y las inevitables comparaciones entre Maradona y Messi, el mozo se confesó fanático del Diego.

La descripción de esta etapa es corta, pero su recorrido fue de enorme intensidad habida cuenta del increíble tránsito por los acantilados cántabros, creo que esta brevedad se corresponde con el silencio que provoca la admiración de ese hermoso mar.

Una vez en la pensión, estimulado por el recuerdo del intenso azul del mar que se reflejaba en el horizonte comencé a garabatear unos versos que luego se convertirían en este poema.

 

Ver

Vení
te invito a la maravilla de mirar
allá
donde a resguardo del desdén
bajo el sol del futuro
crecen los azules retoños de la esperanza
no está lejos
ni hace falta un gran esfuerzo
solo es necesario que extiendas la mirada.

 

 

Continuará en: Etapa dieciséis, de Santander a Mogro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Please reload

Entradas recientes
Please reload

Todos los contenidos de esta página web están protegidos por Derechos de Autor.

© 2023 The Journalist. Proudly created with Wix.com

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now