29 de junio de 2018: Etapa veinte, De San Vicente de la Barquera a Unquera.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta etapa, resultado de una de las divisiones que hicimos, fue de apenas quince kilómetros y su recorrido muy placentero, acompañados por el bello paisaje cántabro, con el apacible sonido de mansos arroyuelos y el canto de los pájaros. Anduvimos por carreteras y senderos de tierra, cruzamos una ria, un puente bajo la vía y pasamos por un valle. Aunque con unas cuantas subidas ninguna de ellas nos demandó esfuerzo excesivo, con Sara bromeábamos que a esta altura ya teníamos un importante entrenamiento como peregrinos que nos facilitaba el andar.

La hospedería en que nos alojamos en San Vicente de la Barquera se llamaba de Las Calzadas y estaba sobre la calle de ese mismo nombre que a la vez era parte viva de la etapa ya a la salida de la villa. Así que tomamos por ella hasta que se prolongó en un camino de asfalto que nos llevó a un caserío. Ahí nos metimos por un sendero de tierra que nos hizo subir hasta un alto y desde ese lugar bajamos hasta otro pueblito donde tomamos por una ruta que nos hizo pasar por el conjunto medieval compuesto por la Torre de Estrada y la capilla de San Bartolomé y donde nos detuvimos un rato. Después continuamos hasta un lugar llamado Serdio donde tomamos un café. 

Saliendo de este pueblo anduvimos por un camino hasta el valle de un río, después cruzamos por abajo la vía y luego de un rato subimos por un camino, una vez que terminó la cuesta bajamos hacia un pueblo a partir del cual anduvimos por el costado del río y de la vía hasta llegar a Unquera.

Llegados al pueblo nos alojamos en el hotel Canal, apellido muy importante en Unquera que veríamos repetido en varios lugares. Cuando almorzamos en Castro Urdiales conversamos un largo rato con un matrimonio de Avilés que comía en la mesa de al lado y que andaba recorriendo Europa en moto. Entre muchas cosas ellos nos dijeron que cuando el camino nos llevara a Unquera no dejáramos de comer las corbatas, unas masas exquisitas que son tradicionales del pueblo. Cargados con esa información nos detuvimos a leer un cuadro en las paredes del hotel que contaba que el señor Canal fue el creador de esa delicia.

Una vez realizadas las cotidianas tareas de acondicionamiento salimos a por ellas, el pueblo no tiene mucho que ver así que rápidamente nos instalamos en una confitería llamada también Canal instalada en la calle principal. Las comimos junto a un café con leche y de ese modo dimos fe de que la fama de las corbatas está muy bien ganada, para reafirmar esto repetimos una vuelta.

Durante la caminata habíamos visto una peluquería. Aunque mi pelo, por razones obvias, podía resistir todo el camino sin ser cortado no ocurría lo mismo con la barba cuyo largo ya me molestaba, así que decidí que estando a mitad de camino en lo que a kilómetros refiere era un buen momento para cortar ambos. De ese modo conocimos a Vicente que, entre los relatos de su vida embarcado como marino recorriendo el mundo, hizo gala de su oficio de peluquero en el que había desembarcado luego de su retiro. Un lindo momento.

Finalizamos la jornada con una muy rica cena en un restaurante atendido por una brasilera. Luego de ello, a pesar de que era temprano, nos fuimos a dormir, la etapa del día siguiente sería muy larga y encima el pronóstico anunciaba fuertes tormentas por la mañana.

 

Continuará en: Etapa veintiuno, de Unquera a Llanes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Please reload

Entradas recientes
Please reload

Todos los contenidos de esta página web están protegidos por Derechos de Autor.

© 2023 The Journalist. Proudly created with Wix.com

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now