30 de junio de 2018: Etapa veintiuno, de Unquera a LLanes

 

Nos despertó la intensidad de los truenos, los rayos que los anunciaban se reflejaban contra la pared de roca que veíamos por la ventana y creaban un clima casi de película. Bajamos a desayunar y nos despedimos de las riquísimas corbatas saboreando cuatro, una peregrina alemana preguntaba donde estaba la oficina de correos para despachar su valija, practica usada por algunos peregrinos, también nos interrogaba sobre si íbamos a encarar la etapa a pesar de la amenaza de tormenta y lluvia, le respondimos que si, que salvo una recomendación de no hacerlo por que resultara peligroso la haríamos, que la tormenta formaba parte de las contingencias que tantos días como peregrinos tenía. Ella nos dijo que prefería tomar el tren hasta Llanes.

Una vez desayunados, fuimos a buscar las mochilas, por prevención les colocamos las fundas protectoras y dejamos las capas a mano por las dudas. Decididos tomamos la calle principal que nos conduciría hasta el puente por el que cruzaríamos el río Deva para comenzar a salir de Cantabria hacia Asturias. En el recorrido seguíamos comentando la cantidad de veces que el apellido Canal se repetía en los carteles. Ya cerca del puente y, justo enfrente de la confitería Canal donde el día anterior comiéramos las corbatas, una señora señalando lo oscuro del cielo a nuestro frente nos dijo "vais directo a la tormenta, quizás os convenga salir a la tarde", le dijimos que como la etapa era muy larga preferíamos seguir. Ella, al notar que éramos argentinos nos dijo que era escritora y que su camino en ese oficio lo había comenzado en virtud al conocimiento de un escritor argentino de Río Gallegos. Establecida la coincidencia de oficio conmigo recorrimos rápidamente los temas que surgen sobre esta hermosa tarea. Intercambiamos nuestros nombres y ella nos dijo que se llamaba Chus Canal, a nuestra natural pregunta respondió que sí, que era de la familia del creador de las corbatas y durante unos minutos conversamos sobre la importancia de ese apellido en el pueblo. Nos despedimos de ella y encaramos hacia el puente, al fondo, las nubes se tornaban más negras, mientras estábamos cruzando el río los truenos eran cada vez más fuertes y como comenzó a llover cuando llegamos al otro lado nos pusimos las capas.

Ni bien lo dejamos atrás comenzamos a caminar por una calle angosta, de piedra y en fuerte subida, llovía torrencialmente y los truenos le hacían la percusión a la melodía de la lluvia. Para no mentir debo decir que intimidaba un poco. Pasamos decididamente a Asturias y enseguida llegamos a Colombres, pueblo que cruzamos por una calle hasta que nos metimos en un camino de tierra, seguía lloviendo fuerte y no era el suelo ideal, por suerte enseguida llegamos a nuestra vieja conocida: la N634. Por la banquina de la misma fuimos hasta una población, allí la señal nos mandó por una ruta más chica y enseguida entramos a un camino de tierra que baja hasta un puente de piedra por el que cruzamos un arroyo, después de ahí empezamos a subir por un sendero de tierra y después sobre suelo de asfalto, al rato descubrimos que habíamos vuelto a la N634, había dejado de llover y las nubes se iban corriendo, cuando ya vimos que la lluvia no regresaba nos detuvimos para quitarnos las capas, el haber avanzado a pesar de la lluvia y los truenos hacía que nos sintiéramos felices como niños que han cometido una travesura. Continuamos por la carretera que va cerca de una importante autopista, enseguida llegamos a un lugar llamado Buelna donde tomamos algo.

Retomamos el camino por la N634 pero enseguida desviamos hacia una carretera local por donde fuimos hasta un pueblito, alli frente a un pequeño muro de piedra se ofrecen dos opciones de camino, nosotros decidimos seguir por el de la costa , el sendero GR E 9. Fue un muy agradable recorrido, muy extenso, según mis cálculos más de quince kilómetros. Nos metimos en él tras pasar el camping de una playa, después de andar un rato nos encontramos con un cartel que nos decía que estábamos frente a los Bufones de Arenillas, allí supimos que son chimeneas abiertas en la costa donde según la marea el agua salada entra a presión generando surtidores de agua, nosotros no tuvimos la suerte de verlos en acción. Más luego llegamos al mirador de un río y cruzamos por un puente que tiene un máximo de capacidad de veinte personas. Enseguida llegamos a un lugar llamado Andrín y desde ahí anduvimos por un paseo peatonal al lado de la ruta y fuimos subiendo hasta el mirador de la Playa de La Ballota. Nos enamoramos de las vistas que ofrece el sitio, nos quedamos ahí un largo rato y sacamos un montón de fotos.

Puestos ya a dirigirnos a Llanes ignoramos la ruta de asfalto que nos llevaría hasta allí y preferimos tomar por un sendero que iba por la ladera, el mismo pasa por la ermita del Cristo del Camino y baja de allí hacia Llanes. Aunque es esforzado por momentos y muy largo, las vistas que ofrece a cada rato compensan sobremanera. Bastante cansados cruzamos finalmente toda la villa para llegar a nuestro hospedaje que estaba frente al puerto. Ese recorrido nos permitió conocer Llanes, sitio que tiene rastros de lo que fue su ser medieval. Cuando nos desembarazamos de las mochilas vimos que habíamos andado treinta y un kilómetros, que eran las siete de la tarde y que habían pasado más de diez horas desde que iniciáramos la marcha. Pero estábamos felices porque la etapa nos resultó hermosa, cargada con la aventura de andar bajo la tormenta, preciosa en paisajes y porque cada día nos felicitábamos más de haber tomado la decisión de hacer el Camino.

Nos duchamos y, disfrutamos un momento de la vista del puerto y fuimos  a un restaurante que estaba a cincuenta metros a por una cena temprana. Luego de ella llegó el merecido descanso.

 

Continuará en : Etapa veintidós, de Llanes a Nueva de LLanes. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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