1 de julio de 2018: Etapa veintidós, de Llanes a Nueva de Llanes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta fue una etapa corta, de diecisiete kilómetros. Con una temperatura agradable y el cielo nublado amenazante de lluvia salimos de Llanes por camino rural, de tierra, y rápidamente llegamos a un pequeño pueblito. Anduvimos un rato por ruta, a poco nos metimos de nuevo por otro camino de tierra y luego uno de asfalto, pasamos por un monasterio y después llegamos a la playa de Celorio. Proseguimos por un muy lindo paseo marítimo y al terminarlo seguimos por ruta hasta Barro, el siguiente pueblo. Ahí nos detuvimos un rato.

Retomamos la marcha por carretera, luego tomamos por un sendero y pasamos por la entrada a un pueblo llamado Niembro, anduvimos un momento por asfalto y enseguida nos metimos por un muy lindo sendero boscoso que nos llevó a la cercanía de la Playa de San Antolín. Pasamos por bajo de la autopista y después seguimos por un caminito hasta otro pueblo. La amenaza de lluvia era cada vez mayor. Cuando entramos a una apacible pista boscosa se largó a llover y nos vimos obligados a volver a las capas, la lluvia nos acompañaría hasta la llegada. Por una camino de tierra en subida y después por asfalto llegamos a Nueva, el hospedaje estaba en los altos, a la entrada del pueblo. Nos acomodamos y retomamos las tareas de acondicionamiento del equipamiento que el cansancio de la jornada anterior nos había hecho posponer. 

Una vez listos decidimos bajar al pueblo para recorrerlo y ver donde cenar. Ubicamos un restaurante que hasta más tarde no abría, con el cielo cada vez más negro y para hacer tiempo fuimos a tomar algo a un pequeño bar. Nos sentamos frente a la barra y nos pusimos a charlar con el joven que nos atendió, rápidamente nos dimos cuenta de que era argentino, al igual que él hizo con nosotros. Cuando nos identificamos de que lugar éramos él nos dijo que era de Lanus, le pregunté de que club de fútbol era y me respondió que de Lanus, le dije que yo era hincha de Banfield y ambos nos reímos de la casualidad, resultaba sin duda muy poco común que en un pequeño pueblito de Asturias, de poco más de ochocientos habitantes se encontraran dos hinchas de esos eternos rivales futboleros del Gran Buenos Aires.

Enseguida se largó un aguacero que no cesaba, razón por la cual decidimos comernos unas hamburguesas allí y esperar a que pare. Llovió casi dos horas, cuando cesó nos despedimos del hincha de Lanus y volvimos al hospedaje. Estábamos bastante menos cansados que el día anterior así que, antes de ir a dormir, tomamos un té y miramos un rato televisión. Nos causaba gracia escucharnos decir que diecisiete kilómetros eran pocos, ya nos sentíamos peregrinos hechos y derechos.

 

Continuará en: Etapa veintitrés, de Nueva de Llanes a Ribadesella

 

 

 

 

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