8 de julio: Etapa veintinueve, de Avilés a Cudillero

 

Luego de la primera verificación de la espalda y de tomar el desayuno vino la prueba de fuego: cargarme la mochila. El resultado fue bueno y con gran alegría iniciamos la etapa. Rápidamente salimos de Aviles y avanzamos por el costado de la ruta siempre en zonas edificadas, no era el recorrido mas estimulante pero mi espalda agradecía la baja exigencia. 

A pocos kilómetros de la salida nos encontramos con un simpático peregrino valenciano que hacía el camino con su caballo. Nos detuvimos un momento a charlar con él y nos contó que era el tercer camino que hacía.

Continuamos la marcha con la misma fisonomía de camino y más adelante se nos acercó un señor interesado por nuestra condición de peregrinos. Nos acompaño un tramo hasta llegar a la altura de su casa y en la conversación nos contó que había regresado a su pueblo después de que de joven se fuera a trabajar a Bélgica.

Más adelante tomamos por un muy lindo paseo desde el que veíamos un castillo y una ría, llegamos a una rotonda muy grande y vimos que era la de Soto del Barco. Después de eso cruzamos el puente sobre la ría del Nalón, tarea que es una verdadera peripecia ya que tuvimos que andar por un angostísimo espacio entre el guardarail y la baranda que evita que caigamos al agua. Recién después de ahí entramos a un camino de tierra y luego por un pequeño sendero terminado el cual cruzamos una ruta y por un entramada de estrechas calles fuimos en fuerte subida hasta Muros de Nalón donde en un bar, junto a varios peregrinos, comimos una hamburguesa.

Una vez que salimos de Muros de Nalon anduvimos por un muy bonito sendero atravesando un bosque y finalmente llegamos a la localidad de El Pitu. Desde allí encaramos hacia Cudillero, de camino pasamos por una construcción muy grande que vimos que era el Palacio de Selgas. 

En fuerte bajada llegamos a Cudillero y allí nos surgió una espontanea expresión de admiración, ese pueblo es FANTÁSTICO. Esa villa marinera y pesquera, con su casas colgadas de las laderas y de un colorido increíble es en si mismo una bella postal. Es un lugar que enamora, recorrerlo una experiencia de esas que no se olvidan y es tanto el placer que provoca que, a pesar de la etapa ya en nuestras espaldas, no sentimos las fuertes subidas. Nos felicitábamos de haber tomado la decisión de desviarnos unos pocos kilómetros del camino oficial para dormir allí. Me atrevo a decir que Cudillero es el pueblo más bonito de Asturias. Sacamos fotos hasta el cansancio con la ilusión de que quedara guardada, como en nuestra memoria, la maravilla de ese lugar y su estallido de colores.

Luego nos fuimos a Casa Julio, un clásico restaurante en el cual una selección de raciones de pescado que fueron de las zamburriñas al pulpo coronó un día fantástico. Como colofón y ara terminar de abrirle la puerta al descanso: la empinada cuesta hasta el hotel. Mi dolor de espalda se había quedado definitivamente alojado en la Pensión La Fruta de Avilés.

 

Continuará en: Etapa treinta, de Cudillero a Novellana

 

 

 

 

 

 

 

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