11 de julio: Etapa treinta y dos, de Cadavedo a Luarca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La etapa se anunciaba como corta, quince kilómetros, y de baja dificultad, solo había una subida de 250 mts. Salimos con el cielo nublado y amenaza de lluvia. A la salida nos pasaron un par de peregrinos con los que intercambiamos el clásico "Buen camino".  Entre asfalto y caminos de tierra arbolados fuimos avanzando, el cielo se oscurecía cada vez más y la lluvia acechaba. En un momento llegamos a un muy bonito sendero boscoso, en subida, aunque era media mañana estaba muy oscuro, un rato antes habíamos colocado las coberturas de las mochilas dejando las capas a mano. En plena subida comenzó a llover, nos detuvimos a colocarnos las capas, unos metros atrás vimos a una joven peregrina, muy alta,  que estaba en la misma tarea. Enseguida continuamos, a poco andar la joven que viéramos nos pasó a gran velocidad, con Sara nos dijimos que era notable el paso rápido y sostenido que llevaba, luego sabríamos que su nombre era Katy, y que era irlandesa. Varias etapas adelante compartiríamos una cena con ella. La lluvia se volvió torrencial y era incómodo avanzar, así anduvimos un largo rato. A la altura de un recodo, con la lluvia más suave y ya en descenso nos detuvimos para buscar la señal que nos marcaría el camino a seguir, vimos que se acercaban dos peregrinos y pensamos que eran los que cruzáramos a la salida. Cuando se acercaron y se quitaron las capuchas descubrimos con alegría que eran Oscar y Jorge, los colombianos que conociéramos en Villaviciosa. Contentos por el encuentro nos saludamos y conversamos mientras seguíamos la marcha, ellos nos preguntaron si no habíamos visto pasar a una peregrina muy alta que andaba a paso rápido. Cuando le dijimos que si se pusieron contentos y nos contaron sobre Katy, con quien hacía unas etapas venían compartiendo la marcha, había en ellos una amigable actitud de protección. Un poco más adelante llegamos a una iglesia y en un banco al costado de la misma, bajo techo, estaba Katy que celebró el reencuentro con Oscar y Jorge. Permanecimos un rato conversando y luego nos adelantamos.Ya prácticamente no llovía y con comodidad llegamos a Luarca, en realidad llegamos a la parte de arriba del pueblo que está abajo, a la orilla del mar. La vista desde allí es preciosa y la fuimos disfrutando hasta llegar, el lugar nos hizo recordar a Cudillero por las casas en alto. Finalmente llegamos  y en el centro del pueblo nos cruzamos con los dos matrimonios que encontráramos al a salida de Cudillero. Ya ibamos armando un grupo de peregrinos conocidos. Luego fuimos a nuestro hotel y nos alojamos. 

Antes de cenar recorrimos Luarca, es en verdad un pueblo muy bonito. De los siete puentes que lo cruzan hay uno que es llamado el del beso y que tiene una leyenda que está descripta en el enlace siguiente:

 

Luego nos fuimos a descansar. La etapa del día siguiente era de más de treinta kilómetros por lo que decidimos cortarla, a esa altura y con más de 600 kms en el lomo queríamos cuidar la máquina.

 

Continuará en: Etapa treinta y tres, de Luarca a Navia

 

 

 

 

 

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