14 de julio: Etapa treinta y cinco, de Tapia de Casariego a Ribadeo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Etapa muy corta que diseñamos para encarar la próxima, que sería larguísima y de gran exigencia, con un ascenso de más de 500 metros. También el llegar temprano nos posibilitaría recorrer Ribadeo y acostarnos temprano para el desafió del día siguiente.

Salimos de Tapia por la plaza principal,  junto a la iglesia, y después tomamos por un muy lindo bidegorri desde el cual teníamos preciosas vistas del la playa.

Luego por ruta cruzamos un pueblo, llegamos a una ermita y de ahí bajamos a la hermosa playa de Peñarronda, un verdadero privilegio. Más adelante cruzamos otro pueblo y finalmente llegamos al Puente de los Santos por el que cruzaríamos la ría del EO para dejar atrás Asturias y entrar en Galicia. De ese mismo modo dejaríamos al Cantábrico que nos regalará su belleza a lo largo de muchos kilómetros, ya no lo volveríamos a ver. Antes de cruzarlo descansamos un rato, despidiéndonos de ese mar. Luego acometimos el interminable cruce del puente para desembocar en Ribadeo, ciudad a la que entramos subiendo por una callejuela que nos llevó a una avenida y luego a la calle peatonal. Cruzando la plaza nos detuvieron dos jóvenes argentinas que iniciarían el camino desde allí el día siguiente. Esto es muy habitual y son muchos los peregrinos que hacen el camino desde Ribadeo a Santiago. A partir del día siguiente daríamos fe de esto ya que el casi solitario tránsito que veníamos haciendo desde Irun, se pobló de gran cantidad de peregrinos.

Eran apenas las doce, así que nos acomodamos en el hotel y luego salimos a caminar  por el pueblo, nuestra meta era el restaurante que en el hotel nos habían recomendado y en el cual nos agasajaríamos con un exquisito pulpo y vino albariño. Después de una muy larga sobremesa salimos caminar otro rato. Finalmente fuimos a un supermercado para comprar algunas cosas y algo para el desayuno, lo tomaríamos en la habitación ya que nuestra idea era estar en el camino a las seis de la mañana y el bar no estaría abierto. Mientras hacíamos esas compras nos encontramos una vez más con Oscar y Jorge, los colombianos y charlamos un rato con ellos. Allí convinimos que el día siguiente cenaríamos juntos ya que coincidiríamos en la pensión en la que dormiríamos.

Después volvimos al hotel, a las ocho estábamos ya en la cama, la alarma sonaría a las 05 am.

 

Continuará en: Etapa treinta y seis, de Ribadeo a Lourenza.

 

 
 

 

 

 

 

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