15 de julio: Etapa treinta y seis, de Ribadeo a Lourenzá

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salimos de Ribadeo muy temprano y con amenaza de lluvia, enseguida empezamos a subir y aunque el ánimo lo teníamos muy alto nuestros físicos se quejaban un poco, queja que por supuesto desoímos disfrutando de la singular belleza y de lo apacible del entorno. A poco de andar charlamos un momento con una lugareña que nos preguntó de donde veníamos, luego al proseguir compartimos unos metros la marcha con una peregrina alemana. Siempre en subida y habiendo andado unos seis kilómetros llegamos a un pueblo llamado Vilela donde nos paramos a tomar un café, en el lugar había unos cuantos peregrinos.

Continuamos la marcha y enseguida nos metimos por un sendero forestal, después entre campos y bosques anduvimos a mitad de la ladera y con una ruta al costado. Mas adelante llegamos a un caserío y a partir de ahí, por campo, algo de asfalto y un bosque no paramos de subir hasta arribar a la altura máxima. Al llegar ahí apareció ante nuestra vista un hermoso valle con praderas y ganado. Nos había resultado muy grande el esfuerzo pero el premio lo justificó. Atravesamos un caserío y luego de una fuerte trepada llegamos a un pueblito con una bonita iglesia. Aprovechamos a parar y descansar mientras comíamos el habitual pincho, en el lugar había varios peregrinos y charlamos un rato con dos de Valencia, una mujer de 76 años que estaba haciendo su tercer camino, en esta ocasión partiendo de Ribadeo a la que acompañaba su hijo. A partir de ese momento nos volveríamos a cruzar con ellos en cada una de las etapas restantes, el último encuentro lo tendríamos en las escalinatas de la Catedral de Santiago cuando hacíamos la cola para entrar a la misa en la que se pondría en marcha el Botafumeiro.

Retomamos camino y por una pequeña carretera fuimos en bajada, con magníficas vistas de un valle, hasta un lugar llamado Gondán que cuenta con albergue. Por la misma carretera  seguimos hasta el siguiente poblado. A esa altura el cielo estaba cada vez más cerrado y la amenaza de lluvia crecía. Por una calle subimos hasta meternos en un bosque de eucaliptus. Después por suelo de tierra anduvimos hasta una ruta que nos desembarcó en Lourenzá. Una vez allí buscamos la Casa Gloria y nos llevamos una agradable sorpresa al encontrarla, por la amabilidad de sus dueños, Isidro "El Core" y su hija Silvia y por lo confortable del lugar. Aprovechamos la existencia de lavarropas y lavamos nuestra ropa, una vez hecho esto se largo una lluvia que duró una hora. Durante ese rato vimos el desenlace del partido final del mundial, nos dio pena la derrota de Croacia por quien hinchábamos.

Después de eso oímos que llegaban Oscar y Jorge, fuimos a su encuentro y coordinamos para cenar.

Cerramos el día caminando un poco por Lourenzá y luego fuimos al restaurante, allí compartimos una muy amena conversación con Oscar y Jorge, ellos nos contaron las razones de su año sabático, los motivos por los que se fueran a vivir a Buenos Aires y el recorrido filosófico existencial que estaban transitando. Luego se sumo su amiga irlandesa, Katy. Este fue el último encuentro que tuvimos con ellos en el camino, pero estámos seguros que no habrá sido el último. Conocerlos nos permitió revalidar la idea de que atender el anhelo de la búsqueda interior es un gesto que nos viste de libertad. Finalmente nos fuimos a descansar, había sido una etapa de gran esfuerzo en la que anduvimos más de treinta kilómetros.

 

Continuará en: Etapa treinta y siete, de Lourenzá a Mondoñedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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