16 de julio: Etapa treinta y siete, de Lourenzá a Mondoñedo

 

Habíamos planificado hacer esta etapa corta a modo de cuña entre dos muy largas, con mucho esfuerzo, pero no era esta la razón más importante, lo esencial era disponer de tiempo en Mondoñedo. Ese pueblo, que conocí acompañando a mi prima Isabel a la jefatura zonal de su tarea como veterinaria, me resultó encantador. Después de ello regresé allí cada vez que la presentación de uno de mis libros me llevó a España. Tiene un encanto muy particular que me atrapó desde la primera vez y recorrer sus empinadas calles, visitar la Catedral, el seminario y descansar al lado de la estatua al escritor lugareño Álvaro Cunqueiro, contemplando junto a él la imponente belleza de la Catedral, es una rutina habitual en cada ocasión que voy.  Sentarme a una mesa, en una mañana tibiamente soleada, para tomar algo, en la terraza del famoso O Rei das Tartas, con vistas a la Catedral, me produce una sensación de paz muy particular, es algo que no se definir muy bien pero de lo que siempre disfruto un montón. Mi prima siempre dice que ese pueblo se lleva muy bien conmigo ya que a pesar de las características del clima gallego nunca me llovió. En una de esas mesas surgió la idea de escribir Pompilio Madrigal, definiendo a Mondoñedo como el pueblo natal de Dana, su protagonista femenina y el sitio donde ocurre el hecho más trascendental de la historia. Cruzando la plaza está el Bar el Peregrino, y viendo pasar por allí a sellar su credencial a algún peregrino se despertó mi deseo de hacer el Camino del Norte. Desde ahí la llamé a Sara en abril de 2017 para proponerle esta aventura y luego que ella la aceptó compré en la oficina de Turismo las credenciales que usamos a lo largo del camino para acreditar los 815 kms recorridos.

Los diez kilómetros que median Lourenzá a Mondoñedo representaron un muy bonito recorrido. Arrancamos por un pintoresco sendero entre árboles, tuvimos la inevitable subida de cada día, cruzamos un caserío, un par de capillas, anduvimos un rato por nuestra vieja amiga la N634 y luego llegamos a MoNdoñedo, al hotel donde nos alojaríamos. Dejamos las cosas allí y salimos a recorrer el lugar, sellamos las credenciales en donde las había comprado el año anterior, anduvimos pos sus calles, la catedral y luego de un rato fuimos a O Rei das Tartas y le mostré a Sara la foto de Alfonsin en ocasión de su visita a Galicia, después nos sentamos a tomar algo en la terraza del bar y acompañados de un tibio sol dejamos correr la tarde. Finalmente regresaríamos al hotel y descansamos hasta la hora de la cena. Mondoñedo ya formaba parte también de la memoria emotiva de Sara.

 

Continuará en: Etapa treinta y ocho, de Mondoñedo a Abadín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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