17 de julio: Etapa treinta y ocho, de Mondoñedo a Abadín

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con la sensación de nostalgia en ciernes que me produce cada partida de ese sitio salimos de Mondoñedo. Avanzamos por una calle en subida que nos fue alejando de este hermoso pueblo. En la medida que trepábamos nos íbamos despidiendo del lugar pretendiendo grabar el momento en una instantánea, al hacerlo se me ocurrían unos versos, cosa que me hizo recordar aquello del poeta asturiano Gamoneda que dice que muchos poemas son hijos del instante.

Finalmente quedó fuera de nuestra vista y nos adentramos en una etapa muy exigente, con bastante subidas, ya que nos sacaría de la comarca A Mariña para llevarnos a la Terra Chá pasando los 560 metros de altura.

Entre algo de asfalto, caminos de tierra, pequeños bosques, verdes praderas, granjas, arroyuelos, zigzags, una muy pronunciada subida y fenomenales vistas de valles fuimos avanzando. La apacible belleza de lo que veíamos nos llevó a la inevitable calificación de esta como una de las etapas más bonitas. Salvo un caserío no encontramos nada hasta llegar a destino, en realidad a dos destinos, el primero de ellos Gontán, con albergue y el segundo, a pocos metros y pegado a este, Abadín el lugar donde nos alojaríamos en Casa Goás.

Como no había absolutamente nada que ver en el lugar descansamos hasta la hora de una temprana cena. En el salón comedor poblado de peregrinos y peregrinas a algunos, como la valenciana y su hijo, un grupo de japonesas y un alemán los habíamos ya cruzado, otros se incorporarían a las caras que volveríamos a ver. Disfrutamos de un muy generoso menú peregrino y luego a dormir.

 

Continuará en: Etapa treinta y nueve, de Abadín a Villalba 

 

 

 

 

 

 

 

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