18 de julio: Etapa treinta y nueve, de Abadín a Villalba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta etapa sería distinta a todas las anteriores, la razón de esto era que en Villalba nos íbamos a encontrar con mi prima Isabel y su hija. Isabel es hija de un hermano de mi madre y por esas cuestiones de las separaciones familiares que produce el exilio, que en nuestro caso se generó como consecuencia de la guerra civil española, recién la conocí en el año 2010 cuando viajé a España para presentar mi novela Espejos de dolor, cuya historia precisamente se articula entre ese hecho y nuestra dictadura (al pie de esta entrada está el enlace a la posibilidad de leer el primer capítulo). Isabel vive en ese precioso pueblo gallego que es Viveiro, a partir del primer encuentro cada vez que viajé por la presentación de alguno de mis libros pasé a visitarla, e inclusive en un par de veces presenté un libro en un muy lindo bar de ese pueblo llamado La Biblioteca. Este año el encuentro lo tendríamos en Villalba ya que era el lugar que más cómodo le quedaba.

Como es habitual salimos por un camino en subida, en este caso de asfalto, después nos metimos por un muy lindo sendero herboso y más adelante cruzamos un río por un puente de madera.

Avanzamos un rato por un lugar muy pintoresco, una especie de túnel entre la vegetación, luego volvimos a cruzar un río por otro puente y llegamos a un poblado. Pasado el mismo llegamos a un lugar con mesas de piedra donde descansamos un rato, luego cruzamos el río por un puente de piedra muy antiguo y seguimos avanzando hasta llegar a nuestra vieja amiga la N634, en este caso el cruce con ella nos regaló la vista de una bonita iglesia con pináculos y su cementerio al lado. Desde aquí seguimos por asfalto algo de cinco kilómetros hasta llegar a Villalba. Nos alojamos en el hotel y nos dispusimos a aguardar la llegada de mi prima, esto sucedió al rato y a partir de allí nuestro paso por el Camino de Santiago se vistió de afecto y durante un largo rato fue creciendo la conversación que recorrió historias de la familia y anécdotas de nuestros encuentros y de las presentaciones de mis libros. Con la natural velocidad que pasan los buenos momentos se nos fueron las horas y una vez más nos despedimos con la promesa de un nuevo encuentro, ellas regresaron a Viveiro y nosotros nos fuimos a descansar para encarar la siguiente etapa.

 

Continuará en: Etapa cuarenta, de Villalba a Baamonde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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