21 de julio: Etapa cuarenta y dos, de A Roxica a Boimorto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Etapa larga, de alrededor de treinta kilómetros, con un par de subidas fuertes en la primera parte, en una de ellas alcanzamos la altura máxima del Camino del Norte: 710 mts.  En su recorrido predominó el asfalto y cruzamos un montón de caseríos. La estrella de la jornada la configuró el pueblo de Sobrado dos Monxes con su increible monasterio de la orden cisterciense de cuya existencia hay rastros en el siglo X. Allí funciona una albergue para peregrinos muy demandado y donde es difícil conseguir alojamiento. Nosotros fuimos a la portería donde nos recibió el Hermano Santiago, quien nos proporcionó información sobre el lugar y nos indicó como llevar adelante la visita turística. La conversación con el se extendió un rato cuando nos identificamos con Tandil ya que el nos contó que había estado en el Monasterio de La Trapa ubicado en Azul y al que yo conocía por haber efectuado en mi juventud una visita.

Luego de esto ingresamos y nos dejamos llevar a un viaje en el tiempo y por la historia, es un lugar atrapante que te invita a quedarte. Nosotros recorrimos todos los esoacios habilitados y disfrutamos mucho de la visita. Ese día se iba a celebrar allí un casamiento (mucha gente, incluso de lejanos lugares, va a allí a casarse) y había mucho movimiento en la capilla lo que cortaba un poco el natural silencio del lugar.

Finalizada la visita salimos y comimos el pincho en un bar del pueblo, mientras lo hacíamos nos llego un WhatsApp nuestros amigos los colombianos con una foto de su llegada al Obradoiro, cosa que nos alegró mucho. Luego, con la lluvia amenazando llegamos a Boimorto, al albergue Casa da Gándara. Allí nos atendió con gran amabilidad su dueña quien nos dijo que el único lugar para cenar estaba algo lejos en la ruta, a la entrada, y se ofreció a llevarnos para que solo nos quedase caminar el retorno. Le aceptamos la oferta y a las siete y media salimos para allí donde disfrutamos de un muy abundante menú peregrino.

Finalizada la sobremesa iniciamos el regreso al albergue. Como dato de color, poco antes de llegar al albergue entramos a un pequeño almacén a comprar un par de naranjas y unas golosinas. Su dueña nos identificó rápidamente como argentinos y nos dijo que tenía familia en Florencio Varela y que según le contaban la estaban pasando muy mal con el gobierno actual. Establecida nuestra coincidencia ideológica con su pensamiento se despachó a su gusto. Su antipatía por el PP se manifestaba en cada palabra y nos causó mucha simpatía escucharla llamar a los simpatizantes de ese partido como "los peposos". Nos despedimos de ella y nos fuimos en busca del descanso, entre la etapa y el recorrido del restaurante al albergue habíamos caminado treinta y tres kms.

 

Continuará en: Etapa cuarenta y tres, de Boimorto a Arzúa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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