25 de julio: El día después del Camino de Santiago o las distintas conjugaciones del verbo peregrinar...

 

Desde lo territorial, el día después de haber hecho el camino nos representó realizar una larga cola para entrar a la Catedral, a la misa principal en la que entraría en acción el Botafumeiro. Había un clima especial, al ser el día del Apóstol estaban las más importantes autoridades eclesiásticas, el presidente de la Xunta de Galicia, personalidades de la ciudad y pobladores. También estaba ese singular y heterogéneo grupo que conformábamos peregrinas y peregrinos, subdivididos entre quienes habían hecho el camino por su fe religiosa y los que, como nosotros, lo hiciéramos por razones culturales y para superar el desafío de correr los límites. Más allá de las motivaciones por las que todos estábamos ahí fue un momento impresionante, de esos que se atesoran y ver el vuelo del Botafumeiro, que dura mucho más que lo que filmé, una experiencia inolvidable.

Al inicio de este diario, en la primera entrada decía yo que describir el camino era mucho más difícil que caminarlo. Hoy, al terminar de escribirlo, valido aquello que dije. Lo que si puedo intentar hacer es describir lo que llevar a cabo esta peregrinación nos produjo.

Durante esos cuarenta y cinco días tuvimos una maravillosa sensación de libertad y nos invadía permanentemente la paradojal idea de que, a pesar de estar en diario movimiento, habíamos detenido el tiempo. Validamos también aquello que leyéramos allá por Ribadesella de que el Camino es la vida misma.

Nos resultaba difícil alejar estos temas de nuestra conversación y durante la cena seguíamos enganchados, habían sido de gran esfuerzo esas seis semanas y media y muchas de las jornadas nos habían dejado importantes huellas, nos sentíamos plenos de bellos paisajes, conjuntos monumentales históricos y enriquecidos por el conocimiento de tantas personas sumado a la construcción de tantísimas anécdotas que serían temas de conversación en ruedas de familia y/o amistades.

Dentro de ese anecdotario emergió en la charla el recuerdo de Luis, aquel peregrino y filosofo con el que conversáramos un rato en Hazas Liendo, allá en Cantabria, que nos dijo que el Camino provocaba adicción, que una vez en casa sentiríamos profunda nostalgia del mismo y que sin ninguna duda regresaríamos para hacer otro.

 

¿Continuará en...?

 

 

 

 

 

 

 

Please reload

Entradas recientes
Please reload

Todos los contenidos de esta página web están protegidos por Derechos de Autor.

© 2023 The Journalist. Proudly created with Wix.com

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now