Circular


Foto de Craig Adderley en Pexels


Una noche oscura y tormentosa, un caminante se refugió en cierta hostería al pie de una cordillera, lo albergó una muchacha de tapado grande y ojos negros que le habló de sueños urgentes. Al hacerlo, ella desnudó su corazón para arroparle el alma, él, agradecido, la arrulló con un son de palabras. El caminante partió por la mañana llevando consigo nostalgias de muchacha y un abrigo de pasión; la muchacha de tapado grande y ojos negros se quedó con añoranza de poemas y una huella en el alma. El caminante cumplió con su destino viajero, se albergó en cuantas hosterías le fueron hospitalarias, navegó historias, desembarcó en las costas de lejanas muchachas, les regaló collares de palabras y siempre partió: con nostalgia de muchacha. El caminante cultivó esperanzas en mares del norte, buceó amores en océanos del sur, restañó heridas en valles verdes, acometió hazañas en montañas nevadas, se dejó llevar por suaves brisas y buscó, en cálidas hosterías, cobijarse de pertinaces lluvias de recuerdos. Una noche fría y clara el caminante descubrió que el camino es circular y que el radio de su ser podría resultar mayor que el diámetro del mundo. Se detuvo entonces en cierta hostería al pie de una cordillera, se abrigó con el crepitar de la leña en el hogar, bebió ambrosías en celo y desnudó su corazón para arroparle el alma a una muchacha de tapado negro y ojos grandes, ella, lo arrulló con un son de palabras.

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