Circular




Una noche oscura y tormentosa, un caminante se refugió en una hostería al pie de una montaña, lo albergó una muchacha de tapado grande y ojos negros que le habló de sueños urgentes, al hacerlo, ella desnudó su corazón para arroparle el alma. Él, agradecido, la arrulló con un son de palabras. El caminante partió por la mañana llevando consigo nostalgias de muchacha y un abrigo de pasión; la muchacha de tapado grande y ojos negros se quedó con añoranza de poemas y una huella en el alma. El caminante continuó con su sino viajero, se albergó en hosterías, relató historias y siempre partió con nostalgia de muchacha. El caminante rescató esperanzas en mares del norte, navegó sobre palabras por océanos del sur, restañó heridas en valles verdes, acometió hazañas en montañas escarpadas, se dejó llevar por suaves brisas y buscó refugiarse de pertinaces lluvias de recuerdos. Después de mucho andar, una noche fría y clara al llegar a cierta hostería al pie de una montaña, el caminante comprendió que el camino es circular. Se abrigó entonces con el crepitar de la leña, bebió ambrosías en celo, desnudó su corazón para arroparle el alma a una muchacha de tapado grande y ojos negros y le habló de añoranzas y sueños pendientes. Ella, sonriente, lo arrulló con un son de palabras.

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