Exilio


Foto de Lucas Pezeta en Pexels

En un momento de mi vida escribir se convirtió para mi en un lugar de exilio, de otro exilio: un buen sitio en el cual tengo a mi lado a quienes quiero y adonde llego con todo mi bagaje de recuerdos. Entonces, allí nacen mis novelas. Cada vez que termino una aparecen dos contradictorias emociones: la alegría de haber echado a navegar esa embarcación que con dedicación y amor construí a lo largo de muchos meses versus una sensación de vacío, de regreso a un universo de dudas, a un andar incierto. Sin embargo, como resultado de un mágico momento en el cual: a la luz de una palabra escuchada en un encuentro virtual, una canción, un sueño o la página de un libro que estoy leyendo se fecunda una idea. Así es que comienzo a escribir esa nueva historia y como siempre sucede los primeros pasos son en medio de una densa oscuridad que luego, a golpes de teclado, va cediendo hasta que finalmente el panorama se aclara y todo queda a la vista, solo resta convivir con ello durante un tiempo hasta llevar lo escrito a un nuevo muelle para echarla a navegar. Algo así como una placentera versión de Sísifo.

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