Sosiego


Después del desgarrador temporal, regreso a los viejos senderos y me vuelvo a sentar bajo la apacible sombra del árbol en el que habitan todos los árboles que a lo largo de la vida cobijaron sueños, se poblaron de juegos, guarecieron el amor o aliviaron penas. Y por esa vieja costumbre de alumbrar soliloquios que viajen en el tiempo, me traslado a un paisaje color sepia, en aquel patio al costado del níspero, a orillas de la calle de tierra. Y ahí, precisamente ahi, a salvo del temporal, resuena la risa de aquella niña que festejaba el gol que le dejara hacer con la pelota de trapo que yo había hecho para que celebrara la maravilla de compartir el juego. Con los ojos de la melancolía me quedo mirándola, ella, guiñándome un ojo me regala una sonrisa, me invita a habitar el sosiego y a construir apacibles relatos.

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